Según advierten, la combinación de lluvias intensas, expansión urbana desordenada y falta de infraestructura adecuada podría derivar en un escenario crítico que afecte a miles de habitantes.
Uno de los principales problemas señalados es la progresiva impermeabilización del suelo. El avance de barrios, calles asfaltadas y construcciones reduce la capacidad natural del terreno para absorber el agua de lluvia, provocando que grandes volúmenes escurran rápidamente hacia zonas bajas o sistemas de drenaje que no están preparados para soportar esa carga.
Además, los expertos remarcan que históricamente la atención se concentró en regiones del sur provincial, mientras que el crecimiento sostenido del área metropolitana —incluyendo ciudades como San Miguel de Tucumán, Yerba Buena y Tafí Viejo— incrementó la vulnerabilidad en sectores densamente poblados. Este cambio en la dinámica territorial exige replantear las estrategias de planificación y prevención.
El contexto climático también juega un rol clave. Eventos de lluvias más intensas y frecuentes, asociados a fenómenos globales, aumentan la probabilidad de episodios extremos capaces de colapsar la infraestructura existente. En ese sentido, advierten que sin inversiones en obras hídricas, sistemas de drenaje modernos y políticas de ordenamiento urbano, el impacto podría ser devastador.
Frente a este panorama, los especialistas coinciden en la necesidad urgente de implementar medidas integrales que incluyan desde obras estructurales hasta políticas ambientales y de control del crecimiento urbano. De no actuar a tiempo, sostienen, el área metropolitana podría enfrentar una catástrofe de gran magnitud en los próximos años.