El precio del petróleo llegó a superar los US$118 por barril antes de retroceder por debajo de los US$90, mientras que el gas natural licuado (GNL) registró fuertes subas ante el riesgo de interrupciones en el estrecho de Ormuz, una vía estratégica por donde circula cerca de una quinta parte del petróleo mundial.
Aunque la magnitud del impacto dependerá de cuánto se prolongue el conflicto, la incertidumbre ya genera efectos potenciales en distintos sectores de la economía argentina. En algunos casos podrían aparecer beneficios, como mayores exportaciones energéticas, mientras que en otros se anticipan aumentos de costos y presión sobre precios internos.
A continuación, los principales sectores que podrían verse afectados.
El aumento del precio del crudo tiene un efecto doble para Argentina. Por un lado, puede representar más ingresos por exportaciones. El país produce alrededor de 860.000 barriles diarios y exporta cerca de 300.000, por lo que precios internacionales más altos implican mayores ingresos de divisas.
En 2025 las exportaciones energéticas rondaron US$11.000 millones, y si el barril se mantiene por encima de lo previsto podría sumar hasta US$3000 millones adicionales.
Sin embargo, también se genera presión en el mercado interno, donde los combustibles ya acumulan subas cercanas al 7% en lo que va del mes. El mercado está dominado por YPF, seguida por Shell, Axion Energy y Puma Energy.
El encarecimiento del gas natural licuado genera preocupación para el sistema energético argentino. Cerca del 60% de la generación eléctrica depende de centrales térmicas que utilizan gas.
El precio internacional del GNL pasó de US$12 a más de US$34 por millón de BTU, justo cuando Argentina se prepara para realizar las compras de invierno.
Aunque gran parte del gas se produce localmente —especialmente en Vaca Muerta— durante los meses fríos la demanda supera la oferta. Por eso el país suele importar alrededor de 25 buques de GNL, lo que podría aumentar el costo de los subsidios energéticos si los precios internacionales se mantienen elevados.
Por ahora, el impacto en los precios de los granos es limitado. La soja en Chicago subió inicialmente unos US$20 por tonelada, aunque luego moderó su avance y quedó cerca de US$10 de aumento, alrededor de un 2%.
La reacción moderada se explica por la alta oferta global, con cosechas récord en Brasil y buenos resultados en Estados Unidos. Además, la reciente fortaleza del dólar suele presionar a la baja el precio de las commodities agrícolas.
Un posible canal de impacto podría aparecer si el petróleo se mantiene alto durante mucho tiempo, impulsando la demanda de biocombustibles.
El impacto más fuerte para el agro aparece en los fertilizantes nitrogenados, cuyo principal insumo es el gas natural.
Entre 25% y 35% del comercio global de urea pasa por el Golfo Pérsico, donde se ubican importantes exportadores como Irán, Qatar y Arabia Saudita.
Tras la escalada del conflicto, el precio internacional de la urea fertilizante subió cerca de US$150 por tonelada. Argentina importa una gran parte de este insumo, por lo que el aumento podría impactar directamente en los costos de producción agrícola.
El encarecimiento del petróleo también afecta los costos logísticos del agro. El gasoil es uno de los principales insumos para las tareas agrícolas y el transporte de granos.
Durante la cosecha gruesa, que incluye maíz y soja, se consumen aproximadamente 440 millones de litros de gasoil entre labores de campo y traslado de la producción.
Además, cerca del 97% de los granos se transporta en camión, lo que vuelve al combustible un factor clave en la estructura de costos del sector.
El combustible representa cerca de un tercio de los costos de una aerolínea, por lo que la suba del petróleo puede impactar en el precio de los pasajes.
Muchas compañías utilizan coberturas financieras para reducir el efecto de la volatilidad, cubriendo entre 30% y 80% del combustible que consumen. Sin embargo, si los precios del crudo permanecen altos durante mucho tiempo, el aumento suele trasladarse a los pasajeros.
En Argentina, Aerolíneas Argentinas señaló que por ahora el impacto es limitado, aunque el precio del combustible seguirá siendo la variable central si la crisis se prolonga.
La industria automotriz observa el conflicto principalmente por su impacto en los costos logísticos y el transporte marítimo.
Un aumento de los fletes o cambios en las rutas comerciales podría provocar demoras de hasta 15 días en la llegada de autopartes, especialmente desde Asia o Europa.
En el caso de la siderurgia, el riesgo inmediato es menor, ya que gran parte del mineral de hierro utilizado por las plantas locales proviene de Brasil. Sin embargo, una guerra prolongada podría terminar afectando los precios y los niveles de stock.
Las crisis geopolíticas suelen impulsar la demanda de activos considerados seguros, lo que fortalece al dólar a nivel global.
En Argentina, esto se refleja en mayor volatilidad cambiaria y financiera. Desde el inicio del conflicto, el tipo de cambio oficial registró movimientos alcistas y el riesgo país volvió a acercarse a los 600 puntos, lo que encarece el acceso al financiamiento internacional.
El impacto final en el comercio exterior argentino dependerá del equilibrio entre mayores exportaciones energéticas y mayores importaciones de combustibles.
Si el petróleo se mantiene cerca de US$100 por barril, economistas estiman que el país podría sumar unos US$10 millones diarios adicionales por exportaciones de crudo.
En un escenario conservador, esto implicaría entre US$2500 y US$3000 millones adicionales por año. Sin embargo, ese beneficio podría verse parcialmente compensado por el mayor costo de las importaciones de GNL y otros combustibles.