Cuando las críticas vienen desde la oposición, el gobierno de Javier Milei suele desestimarlas rápido. A veces intenta cambiar el tema con otra noticia, otras responde con insultos o recurre a sus trolls para atacar a quien se animó a cuestionarlo. Esta vez, sin embargo, la señal llegó desde un lugar más incómodo para el oficialismo: The Economist, la influyente revista británica que desde hace décadas defiende el libre mercado y suele mirar con simpatía las reformas económicas liberales.
Moody’s puso en duda los supuestos beneficios de la reforma laboral de Javier Milei
La publicación -que suele mirar con simpatía las reformas económicas de Milei- publicó este jueves un artículo titulado “Javier Milei celebra agresivamente una serie de éxitos”.
El texto reconoce avances del Gobierno, pero destaca que la recuperación económica convive con menos empleo y un presidente cada vez más confrontativo.
No es una revista hostil al rumbo económico libertario. Al contrario: The Economist lleva décadas defendiendo el libre comercio, las reformas promercado y la reducción del Estado.
Por eso su diagnóstico pesa.
Según el artículo, Milei atraviesa uno de sus momentos políticos más favorables. En este punto, la revista destaca la aprobación de leyes, el crecimiento en la economía y el intento del Banco Central por acumular reservas.
En ese contexto, la apertura de sesiones del Congreso parecía la oportunidad para consolidar una imagen de estadista y ampliar apoyos políticos.
Pero ocurrió lo contrario.
Un discurso convertido en pelea
Durante su intervención ante el Congreso, Milei respondió a las interrupciones de la oposición con una catarata de insultos. Los llamó “asesinos”, “ladrones”, “golpistas” y “cavernícolas”.
Incluso celebró el enfrentamiento. “Me encanta hacerlos llorar.”
Para la revista, esa escena muestra claramente una paradoja: el éxito político y económico del Gobierno parece haber alimentado un estilo más agresivo. De ahí la frase que resume su diagnóstico: “su éxito parece haber generado arrogancia y agresividad”.
El punto más sensible del análisis aparece cuando la revista observa el mercado laboral.
Aunque reconoce la baja de la inflación y cierta recuperación económica, advierte que ese rebote no se traduce en empleo de calidad.
Sectores como el agro o la energía crecen, mientras la industria pierde terreno. El resultado es una economía que se recupera con menos empleo formal asalariado.
En su lugar crecen el trabajo independiente o informal, generalmente peor pagos.
El análisis también señala que Argentina busca volver a financiarse en los mercados internacionales para refinanciar su deuda. Sin embargo, advierte que las tasas de interés que el país debería pagar siguen siendo altas.
Para la revista The Economist, eso muestra que los inversores todavía miran con cautela el rumbo económico del Gobierno, en especial el manejo del tipo de cambio y la velocidad con la que el Banco Central logra acumular reservas.
Al mismo tiempo empiezan a aparecer señales de malestar interno, como el paro nacional convocado contra la reforma laboral.
Frente a esas críticas, Milei sostiene que las nuevas industrias impulsadas por su modelo -como la energía o la minería- terminarán compensando los empleos que se pierdan en sectores tradicionales.
En ese punto, la revista deja planteada una duda: cuánto tiempo puede sostenerse una recuperación económica que todavía no se refleja en más empleo.