Murió Khamenei: qué viene ahora para Irán, para Medio Oriente y para el mundo

El ayatollah fue abatido en un ataque de EEUU e Israel. Algunos expertos advierten que su muerte no implica un cambio de régimen, otros se preguntan “si no era ahora, ¿cuándo?”, y todos coinciden en que los próximos días serán clave para saber si el mundo enfrenta una nueva guerra larga o el fin de la tiranía teocrática

El sábado 28 de febrero, mientras la mayoría del mundo dormía, Estados Unidos e Israel lanzaron la operación militar más ambiciosa en Medio Oriente desde la invasión de Irak en 2003. En pocas horas, el ayatollah Ali Khamenei -el hombre que había gobernado Irán con puño de hierro durante casi cuatro décadas- estaba muerto. Con él cayeron también el ministro de Defensa, el comandante de los Guardianes de la Revolución y el secretario del Consejo de Seguridad del régimen.

Donald Trump anunció de madrugada la operación y se dirigió al pueblo iraní: “Tomen el control de su gobierno. Será suyo. Probablemente sea su única oportunidad en generaciones”.

Pocas horas después, Irán respondió con misiles y drones contra Israel y contra bases militares norteamericanas en Bahréin, Kuwait, Jordania, Qatar y los Emiratos árabes Unidos. El ministro de Relaciones Exteriores iraní, Abbas Araghchi, fue contundente: “Esta es una guerra de elección de Estados Unidos, y tendrán que pagar por eso”.

¿Qué significa todo esto? ¿Qué viene ahora? Analistas de política exterior llevan meses estudiando exactamente este escenario. Lo que dicen no es tranquilizador, pero sí esclarecedor.

Para entender por qué la muerte de Khamenei es un evento histórico, hay que entender primero quién era Khamenei. No era simplemente el ocupante de un cargo: era, el sistema mismo.

Analistas internacionales destacan el vacío de liderazgo tras la eliminación de Khamenei y sus consecuencias globales

Danny Citrinowicz, ex jefe del Departamento de Irán, inteligencia militar israelí, lo resume así: “Khamenei no sólo lideró el sistema: lo definió. Su rigidez ideológica, su paciencia estratégica y su dependencia de la Guardia Revolucionaria (IRGC) dieron forma al Irán que conocemos hoy: confrontacional en el exterior, controlado con mano de hierro en casa, y profundamente involucrado en su eje regional de influencia”, afirmó.

Gissou Nia, asesora legal en cinco causas judiciales contra el ayatollah, añade otra dimensión: “Khamenei estaba en la cima de una estructura de mando responsable de crímenes contra la humanidad y crímenes de guerra en Irán y en toda la región”, pero era “un objetivo casi imposible para el derecho internacional” porque no había salido de Irán en décadas. Nunca iba a enfrentar un juicio…

Para ellos, con Khamenei no desaparece sólo un líder, desaparece la arquitectura de poder que él construyó personalmente durante 37 años. Eso deja un vacío que nadie sabe todavía cómo llenar.

Este es el punto en el que más coinciden los expertos, y también el que más puede incomodar al mundo occidental: eliminar a Khamenei no equivale a haber derrocado a la República Islámica.

Linda Robinson, del Council on Foreign Relations, explica que matar Khamenei “no es lo mismo que el cambio de régimen. La Guardia Revolucionaria es el régimen”, advirtió. La lógica es simple: el IRGC es una organización con decenas de miles de miembros, raíces profundas en la economía iraní, y una generación joven cuya lealtad al sistema fue forjada en campos de batalla reales.

La respuesta de Irán con misiles y drones pone a prueba la estabilidad de la región y la reacción de Estados Unidos

Ray Takeyh, uno de los mayores especialistas en Irán de Washington, lo dice sin eufemismos: “Bombardear un régimen hasta su extinción raramente es una estrategia efectiva. La República Islámica es un sistema ideológico con una élite de múltiples capas y una base de apoyo. Esa base puede haberse reducido en los últimos años, pero todavía le proporciona al régimen un cuadro preparado para usar la fuerza y mantenerse en el poder”.

Suzanne Maloney, vicepresidenta de la Institución Brookings y autora del informe más completo sobre la sucesión iraní publicado en las últimas semanas, había anticipado exactamente este escenario. Un régimen dominado por el IRGC, explicaba, formalizaría un desplazamiento de poder que en realidad lleva décadas ocurriendo. “Desde el fin de la guerra Irán-Irak, las instituciones e individuos asociados a los servicios de seguridad han dominado sectores importantes de la economía e instituciones de gobierno”, señaló. Lo que cambia ahora no es el poder real del IRGC sino la desaparición de la necesidad de mantener la ficción de legitimidad religiosa.

La primera señal concreta del nuevo orden llegó pocas horas después de los ataques: Ali Larijani, el jefe del Consejo de Defensa iraní, anunció la formación de un consejo de liderazgo temporal. No es una improvisación.

Maloney había identificado con precisión a los actores que hoy están tomando las riendas. Los describía como “un triunvirato de figuras sénior con trayectoria militar previa” y los señalaba como “actores centrales en el próximo acto de Irán”.

 

El presidente del Parlamento iraní,

El presidente del Parlamento iraní, Mohammad Baqer Qalibaf (Reuters)

Los tres: Mohammad Baqer Qalibaf, presidente del Parlamento, quien ya amenazó públicamente a Trump y Netanyahu; Ali Larijani, al frente del Consejo de Defensa; y Ali Shamkhani, que preside la Comisión de Seguridad Nacional.

 

Lo que distingue a estos tres hombres del resto de la cúpula clerical eliminada en los ataques es precisamente lo que ahora se vuelve imprescindible: experiencia real en seguridad nacional. En un régimen que amanece en estado de guerra abierta, esa credencial no es un detalle burocrático; es lo que determina quién manda.