Desde las primeras horas de este día, paradas vacías y avenidas silenciosas evidenciaron la protesta airada del transporte sindicalizado, que decidió replegarse ante lo que considera un golpe directo a su economía. La medida se da luego de confirmarse el nuevo tarifario en los surtidores: el diésel subió a Bs 9,80 el litro, mientras que la gasolina alcanzó los Bs 6,96, cifras que, según el sector, hacen inviable seguir trabajando sin una actualización del pasaje. “No estamos trabajando porque no podemos perder el doble. Tenemos que ajustar nuestras tarifas primero”, reclamó un conductor, mientras consultaba incrédulo el precio del diésel y la gasolina en un surtidor.
El malestar no solo se limita a los choferes. La población comienza a sentir el efecto dominó multiplicador, con el temor latente de que el alza de los carburantes dispare los precios del transporte, los alimentos y los productos de primera necesidad, profundizando la presión sobre los bolsillos ya golpeados.