Así se prepara Alemania para un eventual ataque ruso contra un país de la OTAN

Sirenas en las ciudades y más presencia militar reflejan que el OPLAN DEU no es solo un asunto de generales, sino también un plan para preparar a la población civil ante un posible conflicto con Moscú. WIRED habló sobre ello con un analista alemán.

Existe un plan secreto de 1,200 páginas que explica cómo debería reaccionar toda Alemania en caso de una guerra con Rusia. Revelado por The Wall Street Journal, el Operation Plan Germany o OPLAN DEU, detalla rutas ferroviarias, carreteras y puentes estratégicos, además de la circulación de vehículos blindados, cargas de municiones y el despliegue de un contingente combinado de 800,000 soldados de Alemania, Estados Unidos y otros aliados de la OTAN.

El OPLAN DEU no está pensado solo para los mandos militares, sino también para la sociedad civil. Incluye, por ejemplo, directrices para que la población sepa cómo actuar si una autopista debe cerrarse para permitir el aterrizaje de un avión militar cargado con tropas y armamento.

«Es un tema central de la política de seguridad alemana en este momento. Es un documento que las fuerzas armadas han elaborado para tener una comprensión más clara de lo que se necesitaría en Alemania en caso de guerra o de un incremento de tensiones en el flanco oriental», explica Patrick Keller, jefe del Centro de Seguridad y Defensa del Consejo Alemán de Relaciones Exteriores, en entrevista con WIRED.

Keller añade: «Si se activara un escenario del Artículo 5 en el flanco oriental, muchas tropas, incluidas fuerzas estadounidenses, tendrían que ser trasladadas hacia Europa del Este a través de Alemania. Las fuerzas armadas alemanas están preparando la logística para un escenario de este tipo».

Según Keller, la discreción es un elemento esencial del OPLAN DEU. «No queremos que los rusos sepan cómo nos preparamos para un escenario así, pero se discute dentro de las fuerzas armadas y con los actores civiles relevantes para garantizar que la operación militar se desarrolle sin problemas». Con esto apunta a un aspecto crucial: los militares conocen sus protocolos, pero es necesario transmitirlos también a quienes trabajan en hospitales, centros de abastecimiento o estaciones de tren.

«La gran preocupación de Alemania es cómo proteger las infraestructuras críticas, empezando por la logística, pero también la energía y la sanidad. La parte militar está bien preparada, pero la parte civil es otra historia», subraya.

La invasión rusa y la anexión de Crimea en 2014 marcaron un punto de inflexión tanto para Alemania como para la OTAN, que desde entonces intenta reforzar su flanco oriental. «A partir de 2014, con la anexión de Crimea y la agresión rusa contra Ucrania, ha habido un aumento gradual de los esfuerzos gubernamentales para elevar la conciencia sobre estos riesgos. Se reintrodujeron las alertas públicas y se empezó a reconstruir un sistema de aviso que funcione», afirma Keller. Alemania ha avanzado con rapidez en este ámbito, recuperando elementos de la Guerra Fría y adaptándolos a las necesidades actuales.

Aun así, el rearme ha sido un tema tabú durante décadas. Las campañas electorales solían evitarlo por ser demasiado sensible para un país que vivió la división entre los bloques liderados por Estados Unidos y la OTAN, por un lado, y la Unión Soviética y el Pacto de Varsovia, por otro. «La sociedad alemana vivió en condiciones excepcionales después de la caída del Muro y la reunificación. Por primera vez en la historia, Alemania estaba rodeada solo de amigos, sin conflictos con sus vecinos. Era un escenario en el que ya no había que patrullar las fronteras con ametralladoras y tanques», recuerda Keller.

El OPLAN, por tanto, debe leerse entendiendo la historia de Alemania y dónde se encuentra ahora, geográfica y políticamente. «Si observamos el panorama completo, este es el verdadero cambio: pasamos del mundo de la Guerra Fría al periodo del ‘fin de la historia’ en los años noventa y principios de los 2000, y ahora regresamos a un escenario en el que la geopolítica, las grandes potencias y los conflictos armados vuelven a ser una realidad», explica Keller.

Keller cita el término término ‘zeitenwende’: «La palabra significa ‘punto de inflexión histórico’ y alude al plan presentado en 2022 para transformar a las fuerzas armadas alemanas en un actor más fuerte y esencial dentro del equilibrio estratégico de la OTAN». En junio de 2023 se presentó una estrategia de seguridad nacional, y a finales del mismo año el Ministerio de Defensa alemán publicó nuevas directrices militares. En 34 páginas se afirmaba de forma explícita que “la guerra ha vuelto a Europa” y que Berlín tiene la responsabilidad de actuar de manera decisiva.

 

Por primera vez, estos documentos mencionan la presencia de soldados alemanes destacados en otros países, describiéndolo como algo que «se convertirá en la norma», con despliegues en los estados del flanco oriental de la OTAN. El ejército alemán, el cuarto más grande de la Alianza con 184,000 soldados en activo, forma parte de la OTAN desde el 6 de mayo de 1955. Participa en misiones en Europa y Asia, realiza ejercicios conjuntos simulando escenarios bélicos y sus fragatas, como la FGS Hamburg, patrullan mares y puertos del norte de Europa como parte del grupo marítimo permanente de la OTAN.

 

El plan de refuerzo militar prevé incrementar la fuerza a al menos 260,000 soldados en los próximos años, con tropas y equipos que deberán moverse con rapidez ante cualquier contingencia.

 

El OPLAN DEU sitúa el movimiento de tropas como un elemento decisivo que debe planificarse con extremo cuidado. «Se trata de un enorme desafío logístico, teniendo en cuenta el estado actual de las infraestructuras y la magnitud de la operación necesaria para trasladar tales cantidades de equipos y soldados a través de Europa», explica Keller.

 

A finales de noviembre, la UE presentó un nuevo plan de movilidad militar para garantizar la circulación sin obstáculos de tropas, equipos y activos militares en todo el continente. «Desde mi punto de vista, el mayor reto en Alemania es la burocracia interna, porque somos un sistema federal. Hay que coordinar cada uno de los Länder: Baja Sajonia, Renania del Norte-Westfalia, o la ciudad de Hamburgo, que cuenta con un puerto estratégico por donde llegarán tropas. Por eso se necesita un sistema de autorizaciones que haga que estos pasos sean casi automáticos», afirma Keller.

 

Para Keller, el principal desafío logístico y jurídico es lograr que todos los actores firmen los documentos necesarios, de modo que, en una crisis urgente, las operaciones puedan moverse con rapidez. «Aquí es donde entra el OPLAN DEU: aborda directamente este reto y reúne a todas las partes interesadas para encontrar una solución pragmática», asegura.

 

 

En cuanto a la posibilidad de convertir autopistas en pistas de aterrizaje y activar torres de control, Keller mantiene un enfoque realista: «La estructura jurídica alemana aún refleja la Guerra Fría: todavía es posible priorizar el uso militar sobre el civil, e incluso emplear pistas de aeropuertos o carriles especiales de autopistas. Todo esto es factible, y creo que muchos alemanes se sorprenderían de lo rápido que los militares podrían retomar el control en caso necesario».

 

Un antiguo funcionario de la OTAN explicaba recientemente cómo la guerra en Ucrania ha acelerado la resurrección de un concepto que muchos creían enterrado: la disuasión. Nada lo ilustra mejor que la imagen de un blindado estadounidense avanzando por una carretera lituana. Keller coincide en esta idea: «La disuasión es absolutamente crucial en estos momentos. Los europeos, junto con los aliados norteamericanos, deben construir una disuasión creíble. Significa dejar claro al Kremlin que cualquier ataque, incluso mínimo, contra territorio de la OTAN recibiría una respuesta contundente y que algo parecido a lo que Rusia hace en Ucrania es impensable contra un Estado aliado, porque desembocaría en una gran guerra y en una derrota rusa».

 

Para que esa disuasión sea creíble, explica Keller, la logística es clave. Y ahí es donde el OPLAN DEU concentra buena parte de su razón de ser. «A la hora de evaluar la capacidad de la OTAN para moverse por Europa, hay que distinguir entre tres niveles: fuerzas de primera respuesta, refuerzos inmediatos y refuerzos a largo plazo».

 

Keller detalla qué existe ya y qué sigue faltando. En primer lugar, están las tropas atlánticas ya desplegadas en el flanco oriental, como la brigada alemana en Lituania. El segundo nivel corresponde a los refuerzos inmediatos. Las fuerzas alemanas no bastan por sí solas, como tampoco las estadounidenses ya estacionadas en Alemania, donde la base aérea de Ramstein sirve como cuartel general de la Fuerza Aérea de EE UU en Europa. Keller también sentencia: «El punto realmente crítico es el tercer nivel: los refuerzos. Esos pueden tardar varios días. Y nuestra tarea ahora es reducir precisamente esos tiempos».

 

«Actualmente estamos debatiendo un nuevo modelo de servicio militar obligatorio que, como mínimo, exigiría a todos los jóvenes de cierta edad presentarse al ejército. Estamos evaluando cuán vinculante debería ser», explica Keller.

 

Se trata de una medida que no se planteaba desde hace casi 15 años. Desde el 3 de enero de 2011, el ejército alemán dejó de reclutar soldados mediante el servicio militar obligatorio. Aunque por ahora el plan sigue en debate, su regreso al debate público refleja un paso más en la adaptación de la sociedad civil: dejar de percibir al ejército como algo alejado de la vida cotidiana.

 

Según estimaciones de las autoridades alemanas, Rusia podría atacar Alemania y otros países de la OTAN en 2029, lo que hace necesario dar a conocer que existe un plan secreto como el OPLAN DEU. «Podemos cumplir el plazo de 2029. Debemos trabajar desde ahora para lograr la combinación adecuada de capacidades, reforzando las fuerzas armadas europeas y poniendo las cartas a nuestro favor frente a Putin. Y veo señales positivas», concluye Keller.