Así lo indican reportes recientes que señalan un aumento en la salida de migrantes venezolanos desde distintas localidades chilenas hacia la frontera con Perú.
El desencadenante principal parece ser un anuncio del candidato presidencial José Antonio Kast, quien advirtió que expulsaría del país a los extranjeros en situación migratoria irregular en caso de ganar la segunda vuelta electoral.
Esa amenaza aumentó la incertidumbre entre miles de migrantes, en su mayoría de origen venezolano, muchos de los cuales habían residido en Chile durante años. Según informes, esta comunidad —que ya representa una de las mayores concentraciones de venezolanos en el extranjero— enfrenta crecientes estigmas sociales, inseguridad laboral y limitaciones en servicios esenciales.
Ante el creciente flujo migratorio, el gobierno de Perú reaccionó anunciando el despliegue de fuerzas armadas y la declaración del estado de emergencia en las provincias limítrofes con Chile. Esta medida busca “controlar el ingreso irregular” y contener lo que califican como una “ola migratoria”; sin embargo, también genera preocupación por posibles tensiones diplomáticas y riesgos humanitarios.
Organismos internacionales advierten que una gestión estricta y militarizada podría vulnerar derechos de migrantes que huyen de situaciones críticas, sumándose a una crisis migratoria regional que ya se arrastra desde hace años.
Amnesty International
Un desplazamiento forzado, no siempre una elección
Para muchas familias venezolanas el retorno no es un regreso voluntario, sino una decisión forzada por la situación en Chile. Con pocas garantías laborales o de vivienda, y ante el temor de ser expulsados, muchos optan por desplazarse hacia Perú u otros destinos, aun sabiendo que las condiciones de tránsito y recepción pueden ser hostiles.
Este fenómeno pone nuevamente sobre la mesa la magnitud de la crisis migratoria venezolana, un drama regional que movilizó a millones en los últimos años y que hoy sigue generando retos enormes para los países receptores.