El poder de compra del Salario Mínimo Vital y Móvil (SMVM) cayó 2,3% durante octubre de 2025 (-2,3%). Esta baja se suma a las registradas en julio, agosto y septiembre, consolidando una tendencia negativa tras una breve estabilidad en junio, de acuerdo con un estudio elaborado por el Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP) de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA.
El estudio sostiene que, «entre noviembre de 2023 y octubre de 2025, el salario mínimo real acumuló una caída de 35%».
El informe subraya que la contracción ubica al salario mínimo ($322.000) «en un valor inferior al de 2001, antes del colapso de la convertibilidad».
Los salarios registrados perdieron contra la inflación en septiembre
Ello implica «una erosión del 64% respecto del valor máximo de la serie, en septiembre de 2011», representando hoy tan solo un tercio de aquel poder de compra, según el informe.
El empleo privado cayó 6 veces más que el empleo público en agosto de 2025. En total se perdieron 13.100 puestos de trabajo en el universo de asalariados formales. Al desagregar esta cifra se observa que «hubo 10,6 mil puestos menos en el sector privado y 1,7 mil en el público», mientras que el empleo en casas particulares se mantuvo estable durante este período.
Sobre la base de los datos desestacionalizados del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) la cantidad de trabajadores asalariados registrados se ubicó en aproximadamente 10.078.000 personas. El estudio destaca que «el empleo asalariado formal total registró caídas consecutivas durante 4 meses, desde mayo a agosto de 2025».
En la comparación interanual, el empleo formal total de agosto de 2025 representa una pérdida de 33.000 puestos respecto al mismo mes del año anterior. Si se extiende la mirada al cambio de gestión política, se observa «una pérdida de 224 mil puestos de trabajo (-2,2%) respecto de noviembre de 2023».
El estudio concluye evidenciando que, junto a la destrucción de puestos de trabajo, «hubo una leve caída del salario promedio real en ambos sectores», completando un cuadro de fragilidad tanto en la oferta de empleo como en los ingresos de los trabajadores.
Además, el informe del IIEP advierte que la caída del poder adquisitivo del salario mínimo tiene impactos directos sobre sectores altamente vulnerables, ya que el SMVM funciona como referencia para programas sociales, contratos laborales y escalas salariales. Esta contracción real implica que un número creciente de trabajadores y beneficiarios se enfrenta a dificultades crecientes para cubrir gastos básicos como alimentación, alquiler y transporte, en un contexto donde la inflación continúa erosionando el ingreso disponible.
El documento también señala que la dinámica del mercado laboral refleja un claro deterioro en la calidad del empleo. Aunque algunos sectores muestran señales de recuperación en términos de actividad, esa mejora no se traduce en nuevos puestos de trabajo formales. Por el contrario, la caída persistente del empleo registrado revela un proceso de ajuste que afecta principalmente a la actividad privada, donde la contracción productiva y la menor demanda interna provocaron despidos y reducciones de jornada.
A su vez, los especialistas del IIEP destacan que el retroceso del salario mínimo y la pérdida de empleo tienen efectos multiplicadores sobre la economía en general. La reducción del consumo interno, provocada por la disminución del ingreso real, repercute directamente sobre comercios, pymes y sectores de servicios, que dependen fuertemente de la demanda doméstica. Este círculo recesivo, según los investigadores, contribuye a prolongar el estancamiento económico y retrasa cualquier posibilidad de recuperación sostenida.
Finalmente, el estudio advierte que, sin una recomposición del salario real y una estabilización del mercado laboral, las desigualdades podrían profundizarse en los próximos meses. La combinación de ingresos deteriorados, inflación persistente y pérdida de puestos formales configura un escenario desafiante tanto para trabajadores como para empresas. En este marco, los economistas subrayan la necesidad de políticas que apunten a fortalecer el ingreso y promover la creación de empleo de calidad para revertir la tendencia y evitar mayores retrocesos sociales.