La fiscal de Corte de Uruguay, Mónica Ferrero, estaba junto a su hijo el 28 de febrero cuando se enfrentó a una situación dramática. Tiene bien presente el día que sucedió porque era el cumpleaños de su hermano, que está enfermo de cáncer. Mientras, en sus palabras, “todos estaban bárbaros en sus casas”, ella comenzó a llamar a personas a los gritos porque la estaban atacando. Los vidrios de su vivienda caían de manera impresionante.
Ferrero relató esta anécdota al exponer sobre el presupuesto que se le asigna a la Fiscalía General de la Nación en el proyecto de ley del gobierno de Yamandú Orsi. Fue un recuerdo para marcar una de las tantas amenazas del crimen organizado en el país.
Su nombre ha estado en el centro de la agenda mediática por el atentado que vivió en su casa. A las 4.30 de la mañana del 28 de septiembre, delincuentes llegaron a su casa. Vestían de negro, con capuchas y guantes. Bajaron de una camioneta con un tablón de más de dos metros, que los ayudaría a subir a la azotea de una de las casas de la cuadra. Por arriba de los techos, y sin ser advertidos, llegaron hasta la vivienda de Ferrero. Dispararon tres veces y tiraron una granada que detonó el patio.
Ferrero se define como una funcionaria pública que lucha desde hace años contra el crimen organizado y que advierte por el efecto que los grupos criminales pueden tener en el país. Cuando compareció este miércoles ante el Parlamento fue imposible no referirse a lo que vivió hace un mes, según consta en la versión taquigráfica. Lo definió no solo como un ataque a su persona sino también como un “mensaje terrorífico” para todo el Estado.
Ferrero pidió prestarle atención al flagelo del narcotráfico, y pidió a los legisladores que miren lo que sucede en Río de Janeiro y en Ecuador, donde se han matado una “gran cantidad de fiscales”. Y enseguida habló de lo que le pasó: “¡Y miren la situación de Uruguay, donde a mí no me mataron por 15 centímetros!”. La fiscal general contó que existe un informe que muestra que por poco una esquirla no le quitó la vida.
Otra de sus advertencias fue sobre los problemas que tendrá el Estado para conseguir personas que se dediquen a combatir el crimen organizado, que avanza con un “empuje impresionante”. Ferrero le dijo a los legisladores que en unos años se van a acordar de ella porque cada vez va a ser menos la cantidad de personas que se quieran dedicar a combatir al crimen organizado.
“Hoy el crimen organizado se ha instalado en los diferentes barrios. La lucha por el territorio –ya sea pequeño, sean organizaciones menores o lo que sea– está instalada. Y todos podemos tener un daño colateral; todos podemos ser un daño colateral del narcotráfico”, expresó Ferrero.
El atentado a la casa de la máxima autoridad de Fiscalía fue un “mensaje” para ella, pero no solo: también hacia afuera. Fue la forma que encontró el crimen organizado de mostrar de lo que es capaz. Y fue un mensaje que llegó porque desde organismos internacionales se comunicaron con Ferrero para profundizar en su situación.
El ingreso por las azoteas de los vecinos a la casa de Ferrero fue planificado. “A mí me empezaron a seguir el 11 de septiembre y lo hicieron hasta el 28 de ese mes. Todos esos días estuvieron siguiéndome, con o sin custodia. Convengamos una cosa: por más que nos resguardemos, si ellos tienen los elementos, van a llegar igual”, narró Ferrero.