Promesas de reconciliación y alfombra roja para Putin: histórica cumbre en China proyecta un nuevo orden internacional

Xi Jinping tendió puentes con Modi, recibió al presidente ruso con honores y buscó acercamientos con Armenia y Turquía

PARÍS.- La cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS) comenzó este domingo en la ciudad de Tianjin bajo los mejores auspicios: China y la India prometieron dejar atrás sus tensiones fronterizas, Vladimir Putin fue recibido con alfombra roja y Pekín manifestó su intención de mejorar sus relaciones con Armenia. La reunión, en la que participan líderes de más de 20 naciones hasta este lunes, pretende ser una vitrina del nuevo orden internacional.

Durante el banquete de bienvenida, el presidente chino Xi Jinping aseguró a los asistentes que la OCS está “asumiendo mayores responsabilidades para salvaguardar la paz y la estabilidad regional”. Agregó que ese foro que reúne a una decena de países y representa más del 40% de la población mundial “seguramente desempeñará un papel aún más importante y logrará más progresos” en el futuro próximo, “haciendo una mayor contribución para impulsar la unidad y la cooperación entre los Estados miembros, reuniendo las fuerzas del Sur Global y promoviendo más avances en la civilización humana”. Un discurso a tono con las ambiciones del régimen.

Según Xinhua, esta cumbre de la OCS es la “más grande de la historia del grupo”, y se desarrolla en un contexto de múltiples crisis que afectan directamente a varios de sus miembros: confrontación comercial de Estados Unidos con China y la India, la guerra en Ucrania, las tensiones nucleares con Irán… Este encuentro muy teatral propone “un orden multilateral modulado por China y distinto de los dominados por los occidentales”, analiza Dylan Loh, profesor en la Universidad Tecnológica de Nanyang en Singapur.

“La amplia participación testimonia la creciente influencia de Pekín y la atracción ejercida por la OCS para los países no occidentales”, agrega.

Esto es especialmente cierto en lo que respecta a la guerra de Moscú contra Kiev, conflicto en el cual se acusa a China de apoyar al Kremlin desde el principio. En un juego de equilibrista, Pekín, que nunca ha condenado la invasión rusa, invoca su “neutralidad”, pero continúa comprando petróleo y gas a Rusia y vendiéndole material dual (civil y militar). El encuentro cara a cara de Vladimir Putin y Xi Jinping este lunes fue una vez más la ocasión para fortalecer ese vínculo y también para llamar a “un orden mundial multipolar justo”.

La OCS es un bloque de diez miembros integrado por China, la India, Rusia, Pakistán, Irán, Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán, Uzbekistán y Bielorrusia, mientras que otros 16 países son afiliados como observadores o “socios de diálogo”. Fundada en 2001, la OCS se ha convertido con los años en un foro para la cooperación económica y de seguridad, con Pekín y Moscú como sus pilares principales. Ambos —y particularmente Pekín— ven este foro como una alternativa al orden global liderado por Occidente.

Este año, la cumbre se realiza inmediatamente después que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, impuso fuertes aranceles al planeta, aumentando las tensiones comerciales globales. Razón por la cual, muchos países, ganados por la incertidumbre, buscan nuevos socios comerciales.

Además de las ceremonias protocolares de bienvenida, esta primera jornada estuvo marcada por una intensa actividad diplomática bilateral. Tras una primera reunión entre el presidente chino Xi Jinping y su par turco Recep Tayyip Erdogan, ambos líderes enfatizaron sus lazos económicos y comerciales. Según la prensa oficial china, los dos países pretenden “aumentar la coordinación sobre las inversiones de empresas chinas en Turquía”.

“China y Turquía son países emergentes importantes con un gran espíritu de independencia”, fue el mensaje que Xi repitió a su homólogo Erdogan.

Ambos dirigentes también analizaron la situación de Gaza, la guerra en Ucrania y “posibles acciones conjuntas para el desarrollo de Siria.”

Tanto China como Turquía buscan nuevas inversiones económicas en Siria después de la caída del presidente Bashar el-Assad el año pasado, en un país aún agitado por la violencia política, que intenta reconstruirse bajo un nuevo gobierno interino liderado por islamistas.

La jornada había comenzado con el esperado encuentro entre el presidente chino y el primer ministro indio, Narendra Modi, que viaja a China por primera vez en siete años. En esa reunión, al margen de la cumbre, Xi aseguró a su huésped que China y la India deben ser socios y no rivales, un comentario alusivo a las persistentes tensiones bilaterales desde los mortales enfrentamientos entre tropas de ambos países en su frontera compartida del Himalaya en 2020. Modi, por su parte, afirmó que ahora existe un “ambiente de paz y estabilidad” entre ambos países.

 

“Estamos comprometidos a avanzar en nuestras relaciones basadas en el respeto mutuo, la confianza y las sensibilidades propias”, dijo Modi.

 

Xi agregó que ambos países deberían ver las relaciones desde una perspectiva estratégica y a largo plazo, señalando el 75º aniversario de las relaciones diplomáticas.

 

“También debemos asumir nuestras responsabilidades históricas para defender el multilateralismo, un mundo multipolar, más democracia en las instituciones internacionales y trabajar juntos por la paz y la prosperidad en Asia y en el mundo,” agregó el presidente chino.