En los primeros seis meses del año, las compañías chinas invirtieron US$ 2.200 millones en Brasil, consolidando al país sudamericano como el segundo mayor receptor de inversión directa china, solo por detrás de Indonesia, según datos del China Global Investment Tracker del American Enterprise Institute
Este incremento coincide con la imposición de aranceles del 50 % por parte de la administración Trump —una medida que golpea particularmente a Brasil—, lo que ha sido aprovechado por las empresas chinas para conquistar terreno en el país más grande de América Latina
El arancel estadounidense ha avivado la animosidad hacia Washington entre la población brasileña, al tiempo que eleva el apoyo a China: según una encuesta de Quaest, la opinión desfavorable hacia EE.UU. se ha duplicado hasta el 48 %, mientras que la percepción positiva de China crece diez puntos, alcanzando el 49 %
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No se trata de una novedad. Desde hace más de una década, China desplaza a EE.UU. como principal socio comercial de Brasil. Pero ahora, la guerra comercial impulsada por Trump refuerza aún más esa tendencia
El Gobierno brasileño no se quedó de brazos cruzados. Apenas conocidos los nuevos aranceles, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva contactó a su homólogo Xi Jinping. Brasil presentó una queja ante la OMC, aunque el ministro de Finanzas, Fernando Haddad, no descartó llevar el caso ante tribunales estadounidenses
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Además, frente al endurecimiento del acceso al mercado estadounidense, el vicepresidente y ministro de Industria, Geraldo Alckmin, viajó a México para buscar nuevos destinos para las exportaciones brasileñas