El escándalo con la familia de ella, la verdadera razón detrás de su inesperado look y los nombres importantes que brillaron por su ausencia.
La historia de Isabel Macedo es digna de esas telenovelas que la actriz protagonizó. Para 2016, la morocha venía de un largo y mediático historial amoroso. Su romance con Facundo Arana marcó una época y terminó en una escandalosa separación. También fue conocido su vínculo con el futbolista Federico «Pocho» Insúa y los rumores de romance que vivió con Benjamín Vicuña que terminó con Pampita encarándola enfurecida en un boliche.
Juan Manuel Urtubey, en cambio, se movía en un mundo completamente distinto. Abogado, político de carrera, ex diputado, gobernador de Salta y padre de cuatro hijos, venía de una relación de veinte años con Ximena Saravia Toledo. Aunque con una fuerte imagen pública por su rol de político, su vida privada jamás había estado en el centro de la escena. Todo cambiaría.
El encuentro entre ellos ocurrió una noche de marzo de 2016. Se conocieron en la casa de Kemel Awada -Daniel-, es hermano de Juliana Awada y de Alejandro, el actor e íntimo amigo de Isabel. “Nos invitaron a comer y ahí estaba él. Nos vimos a las 9 de la noche y estuvimos charlando hasta las 9 de la mañana, porque teníamos mucho tema en común, porque mi papá nació en Jujuy igual que mis hermanos, así que toda la vida pasamos semana santa y vacaciones allá. Así que conocerlo fue como continuar con el estilo de vida que yo llevaba cuando era adolescente», contó ella en el programa de Mirtha.
Hablaron desde las nueve de la noche hasta las nueve de la mañana. Ella supo que era “el hombre por el que tanto había rezado”. Él le pidió su número de teléfono y al otro día ya estaban en contacto. Desde ese momento no se separaron. A los pocas semanas ya era común verla a Macedo en actos oficiales, pero también compartiendo mate con la gente en los Valles Calchaquíes o caminando de la mano de Juan Manuel por la plaza central. Ella comenzó a usar botas, ponchos y sombreros.
Con menos de un año de noviazgo, Isabel de 41 años y Urtubey de 47 anunciaron su boda. El lugar elegido para la ceremonia fue Salta, en la Finca Las Costas, una propiedad del mandatario salteño. Hasta ahí llegaron más de cuatrocientos invitados que habían recibido sus tarjetas vía WhatsApp. Para evitar aglomeración de autos se los citó en diferentes horarios a partir de las once y media.
Para que ningún contribuyente pudiera quejarse con un “con la mía, no”. Los gastos de la fiesta fueron un regalo que le hicieron los nueve hermanos del entonces gobernador a la pareja. La menor, Soledad, dueña de una empresa de organización de eventos, se encargó de coordinar los detalles de la boda.
En la ceremonia los novios impactaron el look. Alto y de buen porte, Urtubey usó un jaquet negro, pantalón gris a rayas y plastrón. La gran intriga sería el look de Macedo, una de las mujeres más fashionistas del espectáculo y ella no defraudó. Eligió al diseñador Javier Saiach. El vestido era similar a uno que había usado Mariana Fabiani, lo que causó un poco de polémica. Algunos dijeron que el diseñador no había sido original. Sin embargo, la novia aclaró que fue ella la que pidió que le hiciera un inspirado en ese vestido. Se trató de un atuendo de organza de seda natural off-white con corsage bordado con transparencias en hilo de seda que formaban flores y rayas de vainillas.
En ese momento llamó la atención que fuera largo hasta los tobillos. Muchos creyeron que al ser una boda campestre era para evitar que se llenara de tierra. Años después Macedo aclaró que ese largo era por una especial fobia que padece. “Puse la excusa de que era en el campo para que me entre viento en el tobillo. Estaba copada con mi vestido, pero tengo ese trauma de que me tiene que entrar viento en el tobillo”, se sinceró muchos años después ante Verónica Lozano.
Aunque hubo ceremonia civil no hubo boda religiosa, solo una bendición de anillos. Urtubey ya se había casado por Iglesia y como divorciado no tenía permitida otra ceremonia. Después todos pasaron a unas carpas preparadas para el almuerzo. Con su vestido de breteles finos, Isabel no paraba de sonreír, pero no todo estaba tan bien. En una entrevista recordó que «En el casamiento estaba muy movilizada. ¡El frío que hacía! Había sombrillas y sombreros por si había sol, pero hacía un frío de cagarse. Yo ya me ponía cualquier cosa, el mantel… Pero bueno, fue re lindo. La pasé bárbaro”.
Entre los invitados llamaron la atención tanto la variedad de los presentes como la calidad de los ausentes. Entre los famosos estuvieron Mariano Martínez, Benjamín Amadeo, Franco Masini, Federico Amador, Juan Leyrado, Georgina Barbarossa, Verónica Lozano fue con Corcho Rodríguez y el periodista Óscar González Oro. También estuvieron la actriz Agustina Lecouna, amiga íntima de la novia y Milagros Brito. del ámbito político viajaron la entonces vicepresidenta de la nación, Gabriela Michetti, quien fue con su marido en ese momento, Juan Tonelli. También el presidente provisional del Senado, Federico Pinedo, el ministro del interior, Rogelio Frigerio, los diputados Eduardo Amadeo y Diego Bossio y los gobernadores de Jujuy, La Rioja, San Juan y Santa Fe.
Entre los ausentes estuvieron varios pesos pesados. Marcelo Tinelli, que aunque dio la primicia de la boda, prefirió irse a Necochea con Guillermina Valdés. También pegó el faltazo Mauricio Macri, quien adujo que quería pasar el día con su familia tras un largo viaje y envió a su cuñado, Daniela Awada.
El pequeño escándalo lo protagonizaron los hermanos mayores de Isabel, Alejandra y Antonio que no fueron invitados al fiestón. El padre de la actriz, un ingeniero agrónomo jujeño, tuvo cuatro hijos; tres de su primer matrimonio y a Isabel en el segundo, luego de quedar viudo. «Somos medio hermanos con Isabel pero siempre nos tratamos como hermanos. Nos criamos todos juntos. Está todo bien, con Isabel tenemos diez años de diferencia», contó Alejandra en su momento.
Leyenda
«Con Antonio, mi hermano mayor, no se pueden ni ver. No sé bien qué pasó entre ellos porque yo vivía en los Estados Unidos cuando se pelearon y no quise ni preguntar. Desde el 2014 ni se hablan. Pero conmigo nunca hubo una pelea. Con Ernesto -el del medio- sé que se han cruzado alguna vez, pero desconozco si él está invitado o no a la boda. Un hermano no necesita ser invitado a un casamiento. Va sin que le llegue la tarjeta porque quiere compartir ese momento. Pero yo no voy a ir porque entiendo que es una noche muy especial y no quiero arruinarle nada», explicaba Alejandra en el diario Muy. Pese al escandalete la boda Puna chic, como se la definió fue todo un eventazo que quedó en la memoria como uno de los eventos del año y la pareja sigue feliz y enamorada.