Falleció Manuel “Negro” Guerrero, ídolo inmortal de Gimnasia y Esgrima de Jujuy

Fue mucho más que un delantero letal: símbolo de fidelidad, formador incansable de nuevas generaciones y parte del tridente más recordado del “Lobo”. Manuel Guerrero falleció a los 58 años y su partida enluta al fútbol jujeño.

El fútbol de Jujuy está de luto. En la tarde de ayer, a los 59 años, falleció Manuel Alfredo Guerrero, conocido por todos como el “Negro”. Figura legendaria de Gimnasia y Esgrima de Jujuy, club del que fue hincha, jugador, goleador, referente y formador, Guerrero deja un vacío imposible de llenar y un legado eterno que se funde con la historia del “Lobo” jujeño.

Guerrero, nacido en San Salvador de Jujuy el 28 de agosto de 1965, personificó como pocos el sentido de pertenencia con la camiseta celeste y blanca. Desde su debut oficial con apenas 16 años en la Liga Jujeña, comenzó a construir una carrera marcada por la lealtad, el sacrificio y, sobre todo, por el gol. Supo brillar como delantero potente y decisivo, pero su figura trascendió largamente los límites del área.

De la mano de Celso Fernández, tuvo su primer partido en AFA en el Regional 1983/84 frente a Atlético Ledesma, después de haber demostrado su capacidad goleadora en los torneos locales con más de 17 tantos. Rápidamente fue pieza clave en el ascenso deportivo del club, consagrándose campeón del Torneo Anual y del Confraternidad en 1985. Su nombre ya resonaba en las tribunas del estadio 23 de Agosto.

Pero su fidelidad al club se volvió emblema cuando muchos se alejaban: durante la crisis institucional y deportiva a finales de los años ’80, Guerrero se quedó, firme como un pilar. Volvió a jugar en la Liga, se calzó la camiseta para recorrer canchas olvidadas en el Torneo del Interior y anotó goles decisivos para devolver a Gimnasia al lugar que merecía. En ese proceso formó, junto a Carlos Ramón el “Chato” Rosas y Mario Lobo, el tridente ofensivo más recordado de la historia del club. Entre los tres, dieron vida a una delantera que combinaba talento, garra y sentido de pertenencia.

En el Torneo del Interior 1992/93, Guerrero fue protagonista absoluto: disputó 23 partidos y marcó 13 goles, incluidos dos en cuartos de final y uno en semifinales. Al año siguiente, se consagró goleador del equipo campeón del Nacional B 1993/94, con 14 tantos, destacándose con goles inolvidables a Talleres de Córdoba y Atlético Tucumán. Ese título le permitió cumplir el sueño que todo hincha anhela: jugar en Primera División con el club de su vida.

Su carrera en la élite se extendió hasta 1997, año en que colgó los botines. El 5 de abril de ese año, anotó el último de sus más de 110 goles con la camiseta albiceleste, en lo que sería uno de los tantos más emotivos para la afición. En total, disputó más de 430 partidos oficiales entre 1982 y 1997, cifra que lo coloca entre los máximos emblemas de la institución.

Pero Guerrero no fue solo un ídolo dentro del campo. Su verdadero legado quizás se multiplicó fuera de las canchas, cuando se transformó en formador de generaciones enteras. Desde hace más de dos décadas, junto a su entrañable amigo y ex compañero Juan José “Chato” Palmas, lideraba la escuela de fútbol infantil del club, siendo el alma de la categoría 2014 hasta sus últimos días. Para cientos de niños, fue su primer entrenador, su guía, su ejemplo.

 

Manuel Guerrero fue el reflejo de lo que significa amar una camiseta. Su figura se convirtió en parte del ADN de Gimnasia y Esgrima de Jujuy. Hoy, su pérdida enluta a todo el pueblo futbolero de la provincia, y en especial a quienes compartieron vestuario, entrenamientos, viajes, triunfos y caídas con él.

Las muestras de dolor no se hicieron esperar: hinchas, ex jugadores, colegas, padres de pequeños futbolistas y dirigentes lo recordaron con afecto y admiración. El velatorio tiene lugar hoy desde las 8 de la mañana, en las salas de calle Independencia, casi esquina Senador Pérez. Allí, se acercan familiares, amigos y una marea de agradecidos que buscan despedirse de un hombre que fue mucho más que un jugador.

Manuel Guerrero no se va. Porque los ídolos verdaderos no mueren: viven para siempre en el corazón de su gente, en los goles gritados desde la tribuna, en la sonrisa de un niño que lo conoció en una cancha de tierra, y en cada camiseta de Gimnasia que lleva su memoria bordada en el alma.

Gracias por tanto, Negro. Hasta siempre.