“El papa es argentino, pero Dios es brasileño”: así fue la estrecha relación de Francisco con el gigante sudamericano

Aunque Bergoglio nunca visitó Argentina durante su papado, eligió Brasil como su primer viaje al extranjero en 2013, cuatro meses después de su nombramiento

El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, también ha asistido hoy a los funerales del papa Francisco en Roma. El grupo brasileño, que se encontraba en la capital desde ayer, estaba formado por Lula, su esposa Rosângela da Silva, conocida como Janja, y cuatro ministros del Ejecutivo, entre ellos el de Justicia, Ricardo Lewandowski, y el de Exteriores, Mauro Vieira. También estuvieron presentes la ex presidenta Dilma Rousseff, actual presidenta del Nuevo Banco de Desarrollo (NBD) de los BRICS, el asesor especial de política exterior de Lula, Celso Amorim, diez parlamentarios y la tesorera del Partido de los Trabajadores (PT) de Lula, Gelide Andrade. La delegación brasileña también incluye a los presidentes de la Cámara de Representantes y del Senado, Hugo Motta, del Partido Republicano, y Davi Alcolumbre, de la Unión Brasileña, respectivamente. Según el diario O Estado de São Paulo, la presencia en Roma de Motta y Alcolumbre se produce en medio del envío de importantes proyectos de ley del Gobierno al Congreso, y el viaje se considera también una oportunidad para conseguir votos sobre las propuestas.

“Hoy la humanidad está perdiendo la voz del respeto y de la aceptación hacia los demás”, había comentado Lula en su perfil X el lunes al conocer la noticia de la muerte del pontífice. “El papa Francisco vivió y propagó en su vida cotidiana el amor, la tolerancia y la solidaridad que son la base de las enseñanzas cristianas”, añadió. La relación entre Lula y el papa Francisco era muy estrecha, incluso antes de su tercer mandato, cuando el presidente brasileño lo visitó dos veces en el Vaticano. En 2019, mientras estaba preso en Curitiba, fue Lula quien envió una carta a Bergoglio agradeciéndole su apoyo “al pueblo brasileño por la justicia y por la defensa de los derechos de los pobres”. El papa le respondió con una carta fechada el 3 de mayo, también de 2019, en la que mencionaba “las duras pruebas” por las que atravesaba el ex presidente “especialmente por la pérdida de algunos seres queridos”, en referencia a la muerte de la segunda esposa de Lula, Marisa Letícia, fallecida en 2017, y de su nieto Arthur, que murió a los 7 años el 1 de marzo de 2019. Su actual esposa, Janja, en una entrevista con el diario brasileño Folha de Sao Paulo, dijo entre lágrimas que “el papa ayudó a Lula a superar la falta de esperanza en los meses de prisión”.

En una declaración oficial desde el palacio de Planalto, Lula recordó también el compromiso de Francisco en la lucha contra el hambre y la protección del medio ambiente. “En una de las audiencias que tuve con él, discutimos la necesidad de una Alianza Global contra el Hambre y la Pobreza, que de hecho fue lanzada por Brasil el año pasado durante la cumbre del G20 en Río de Janeiro. Francisco ha sido el papa de la paz, del diálogo, de la unidad y del amor por toda la vida, y ha lanzado repetidas advertencias sobre la crisis climática y la amenaza de destrucción de nuestro planeta, obra maestra de la creación divina”, reza el texto.

Bergoglio fue el promotor de la primera encíclica de la historia de la Iglesia sobre el medio ambiente, ’Laudato Si‘, y tras el Sínodo de los Obispos sobre la Amazonia en 2019, colocó al cardenal brasileño Cláudio Hummes a la presidencia de la Conferencia Eclesial de la Amazonia. En 2022, eligió a Virgílio Viana, ingeniero forestal brasileño y superintendente general de la Fundación Amazonia Sostenible (FAS), como miembro de la Academia Pontificia de Ciencias Sociales y uno de sus asesores permanentes en cuestiones medioambientales y de cambio climático. En 2024, el papa Francisco también recibió en el Vaticano a una delegación de los principales representantes indígenas de Brasil, entre ellos Raoni, de la etnia Kayapó.

Aunque Bergoglio nunca visitó Argentina durante su papado, eligió Brasil como su primer viaje al extranjero en 2013, cuatro meses después de su nombramiento y su frase “si el papa es argentino, Dios es brasileño” siguió siendo célebre. Los brasileños le inundaron de muestras de afecto cuando se conoció su muerte, con más de un millón de posts publicados en las redes sociales en 24 horas, según detectó el centro de análisis brasileño Arquimedes. Francisco fue el tercer papa en pisar el gigante latinoamericano después de Juan Pablo II, que vino tres veces, la última en 1997, y Benedicto XVI, en 2007. En Brasil, Bergoglio asistió a la Jornada Mundial de la Juventud en Río de Janeiro y celebró una misa en el santuario más renombrado del país, Aparecida. Ese viaje mostró al mundo la postura que asumiría su pontificado, a saber, una nueva cercanía con las minorías y los más necesitados.

El papa Francisco también canonizó a dos santos brasileños: en 2014, al padre jesuita José de Anchieta, uno de los fundadores de la ciudad de San Pablo en el siglo XV y, en 2019, en una gran ceremonia la basílica de San Pedro, canonizó a una monja de Bahía, sor Dulce de los Pobres, fallecida en 1992. El entonces presidente Bolsonaro, crítico del papa, no participó.

Y ahora que ha terminado el capítulo del funeral y su entierro en la basílica de Santa María la Mayor, se abre el de las apuestas sobre el futuro papa. Si en 2013, cuando Bergoglio fue elegido, entre los posibles futuros papas estaba el arzobispo de San Pablo, Odilo Scherer, este año ningún cardenal brasileño figura en la terna de favoritos, que incluye al cardenal italiano Pietro Parolin, actual secretario de Estado del Vaticano y que ha visitado Brasil dos veces en los últimos dos años. El papa Francisco no solo ha sido el primer pontífice latinoamericano, sino también el primero no europeo desde el sirio Gregorio III, en el siglo IX d.C.

 

En el próximo cónclave, Brasil cuenta con siete cardenales que, al tener menos de 80 años, pueden votar, como establecen las reglas. Además de Scherer, están el arzobispo de Salvador Sérgio da Rocha, el arzobispo de Porto Alegre y presidente de la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil (CNNB) Jaime Spengler, el arzobispo de Río de Janeiro Orani Tempesta, el de Brasilia Paulo Cezar Costa, el prefecto emérito del Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica João Braz de Aviz y, por último, el arzobispo de Manaus Leonardo Ulrich Steiner. El único cardenal brasileño que no podrá asistir al cónclave es Raymundo Damasceno, arzobispo emérito de Aparecida, por tener 87 años. Aun así, será invitado a formar parte del Colegio Cardenalicio, que debatirá las cuestiones urgentes de la Iglesia hasta la elección del nuevo papa.

“Nadie debería sorprenderse si un cardenal africano es elegido papa, o un cardenal asiático papa, o de nuevo un cardenal italiano papa. Está entre las posibilidades”, dijo el cardenal Scherer. Según el arzobispo de San Pablo, “si eso ocurre, no significa que la Iglesia haya vuelto su atención solo a África o solo a Asia, haya dado la espalda a América o se haya centrado de nuevo en Europa. Quien sea elegido papa tendrá que ocuparse de la Iglesia en su conjunto. Será entonces el tiempo del pontificado el que nos dirá hacia dónde se dirigirán las opciones personales que tome el papa”, afirmó.

 

Para el presidente de la CNNB, el cardenal Jaime Spengler, el nuevo papa tendrá que ser capaz de “captar los signos de los tiempos”. En una entrevista concedida al diario Folha de São Paulo, Spengler afirmó también que, mientras “las estadísticas indican un crecimiento expresivo de la comunidad de fe en distintas áreas geográficas, en Brasil, según datos del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), hay una disminución del número de personas que profesan la fe católica”.