Los líderes europeos se reunieron este lunes en Francia mientras buscan una respuesta al plan del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de iniciar negociaciones con su homólogo ruso, Vladimir Putin, para poner fin al conflicto.
El martes se citaron en la capital saudita el ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov, y el secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio.
Rusia lanzó una invasión a gran escala de Ucrania en febrero de 2022 y actualmente controla más de una quinta parte de su territorio, principalmente en el sur y el este.
Los corresponsales de la BBC analizan lo que las principales potencias esperan obtener de estos días de intensa diplomacia.
El primer ministro británico, Keir Starmer, busca ser un puente entre los líderes europeos y la Casa Blanca de Trump, que los reprende por su gasto en defensa.
La oferta de Starmer de enviar tropas británicas a Ucrania forma parte de ese rol que quiere asumir.
El gobierno solía decir que los términos de cualquier acuerdo de paz dependían de Ucrania, pero eso ha cambiado con el nuevo gobierno estadounidense, que ha señalado que un regreso a las fronteras de 2014 sería «poco realista».
Starmer, en cambio, espera que más naciones europeas en París se le unan para ofrecer sus fuerzas y así asegurar un acuerdo y evitar que Rusia invada nuevamente.
Pero, mientras el primer ministro británico está en París, en Westminster continúa el debate sobre cuánto se debería gastar en defensa.
El Partido Laborista ha prometido «establecer un camino» para aumentar el gasto militar del 2,3% del PIB actual al 2,5%, un aumento significativo según fuentes de defensa.
Pero no hay una fecha de cuándo sucedería y muchos sostienen que es urgente.
El hecho de que, a pocos días de una elección nacional, el canciller Olaf Scholz también esté en París es una señal de lo desconcertados que están los líderes alemanes por la estrategia de Trump hacia Ucrania.
Todos los partidos tradicionales han condenado las sugerencias estadounidenses de que se negocie un acuerdo de paz sin Ucrania ni la UE.
Los políticos de extrema derecha y de izquierda populista acogen con agrado las conversaciones con Putin y quieren dejar de armar a Kyiv, pero no tienen poder de decisión.
Por lo tanto, sea cual sea el próximo gobierno alemán, el apoyo de Berlín a Ucrania seguirá siendo fuerte, porque la élite política germana reconoce que un mal acuerdo -que socave la soberanía ucraniana- sería desastroso para Alemania.
Pero, teniendo en mente los desastres militares del siglo XX para Alemania, sus votantes se muestran cautelosos ante la militarización.
En los últimos tres años el país ha logrado alejarse con éxito de la energía rusa y ha aumentado enormemente el gasto en defensa, pero esto ha golpeado duramente a la economía alemana y las posteriores disputas presupuestarias provocaron el colapso del gobierno.
Por eso los políticos tratan de evitar discusiones públicas sobre temas difíciles, como mayores objetivos de gasto de la OTAN o tropas de paz alemanas en Ucrania, al menos hasta después de las elecciones de este domingo.
Polonia ha sido un aliado clave de Ucrania desde el comienzo de la invasión a gran escala de Rusia, y es el principal centro logístico de la ayuda militar y humanitaria que ingresa al país.
También es una voz fuerte que argumenta que no se puede permitir que Rusia gane la guerra, porque está en juego la seguridad de toda Europa.
Por eso hay consternación por el hecho de que Estados Unidos parezca estar cediendo a las demandas clave de Moscú incluso antes de que comiencen las conversaciones, cuando Polonia ve muy claramente a Rusia como el agresor y como un peligro.
Los países nórdicos y bálticos
Dinamarca es la única nación nórdica que asisitó a la reunión del lunes, pero los diplomáticos europeos dicen que también representa los intereses de sus vecinos bálticos del este –Estonia, Letonia y Lituania–, todos ellos vecinos de Rusia que se sienten particularmente vulnerables ante cualquier ataque futuro de Putin.
Las ondas de choque generadas por el segundo mandato de Trump ya han resonado en Dinamarca.
El renovado deseo de Trump de apoderarse de Groenlandia –un territorio autónomo dependiente de Dinamarca– impulsó a la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, a realizar en enero una gira relámpago por sus países aliados europeos para apuntalar su apoyo.
El lunes en París, Frederiksen se encontró una vez más en una reunión convocada a última hora para responder a la reestructuración del panorama de seguridad transatlántico por parte de Trump.
Frederiksen todavía no ha seguido los pasos de Starmer de proponer tropas de paz sobre el terreno en Ucrania.
El ministro danés de Defensa, Troels Lund Poulsen, ha sido citado por los medios de su país asegurando que no lo descarta, pero es demasiado pronto para hablar de ello.
El presidente francés, Emmanuel Macron, convocó la reunión informal del lunes –no una «cumbre», insistieron sus funcionarios– para ayudar a Europa a coordinar una respuesta tanto a la postura cada vez más desfavorable de Washington hacia el continente como a lo que surja de las negociaciones de la Casa Blanca con el Kremlin.
«Los europeos, en este momento, no están coordinados, pero ese puede ser el objetivo de la cita en París, y ese es el comienzo de la coordinación… ¿Estamos listos? La respuesta es no. ¿Podemos prepararnos? La respuesta es sí», alegó François Heisbourg, un veterano experto militar francés, sobre la necesidad de que Europa trabaje unida para preparar una posible fuerza de mantenimiento de la paz en Ucrania.
«Hay un viento de unidad que sopla en Europa como no se ha visto desde la pandemia de covid», indicó Jean-Noël Barrot, el diplomático francés de mayor rango.
El ambiente en Francia, una nación siempre cautelosa ante las maniobras geopolíticas estadounidenses, es particularmente tenso en este momento, con titulares de periódicos que advierten sobre un nuevo «eje Trump-Putin» que marginará o «abandonará» a Europa por la guerra en Ucrania.
«Deberíamos estar en un estado de emergencia en toda Europa», advirtió el ex primer ministro Dominique De Villepin en una reciente conferencia de prensa, acusando a un Trump «arrogante» de intentar «gobernar el mundo sin principios ni respeto».