Un muerto ha vuelto a Honduras en busca de justicia. Su nombre es Isis Obed Murillo Mencías y lo mataron el 5 de julio de 2009 en Tegucigalpa. Él tenía 18 años y participaba en una marcha cerca del aeropuerto Toncontín, en la capital hondureña, cuando francotiradores del ejército dispararon en contra de la multitud; murió tras recibir un disparo en la cabeza.
El pasado 5 de enero, autoridades del país centroamericano arrestaron al general en retiro Romeo Vásquez Velásquez, jefe militar a cargo de todas las operaciones en aquellos días, y a otros dos oficiales como presuntos responsables de la muerte de Murillo.
El asesinato de Isis Obed ocurrió en el marco del golpe de Estado que había defenestrado ocho días antes, el 28 de junio de 2009, al presidente Manuel “Mel” Zelaya, esposo de Xiomara Castro, la actual mandataria de Honduras.
A Zelaya un comando militar lo sacó de su casa por la noche y luego los golpistas lo expulsaron hacia Costa Rica. El 5 de julio, el presidente exiliado intentó regresar a su país por avión y aterrizar en Toncontín. Decenas de miles de personas se reunieron en los alrededores del aeropuerto a esperarlo, entre ellos Isis Obed Murillo Mencías.
El ejército estableció perímetros alrededor del aeropuerto. Ante la insistencia de los manifestantes de ingresar a la pista principal los soldados dispararon al suelo para repelerlos según consta en un informe elaborado por la Comisión de la Verdad y la Reconciliación instalada en Honduras tras el golpe del 09. En algún momento, los soldados empezaron a disparar directo a la multitud e impactaron con el cuerpo de Isis Obed.
“Existe certeza de que miembros del Ejército de Honduras violaron el derecho a la vida de Isis Obed Murillo Mencías. La víctima fue ejecutada extrajudicialmente por miembros del Ejército de Honduras, los cuales apostados dentro del aeropuerto dispararon sobre objetivos específicos situados detrás del muro de piedra del (restaurante de comida rápida) Popeyes (en las inmediaciones de la terminal aérea), en donde se encontraba Isis Obed Murillo y al menos uno de los heridos de aquella jornada”, establece el informe de la Comisión.
El 5 de enero de 2025, el Ministerio Público de Honduras (MP) detuvo al general Romeo Vásquez Velásquez, exjefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas de Honduras, a Venancio Cervantes Suazo, ex subjefe, y a Carlos Roberto Puerto Fúnez, excomandante del Comando de Operaciones Especiales.
Los responsabilizó a los tres por los delitos de homicidio y lesiones graves contra los ciudadanos Isis Obed Murillo Mencías y Alex Roberto Zavala Licona durante la marcha en Toncontín en julio de 2009.
Un investigador hondureño consultado por Infobae, quien habló desde el anonimato por razones de seguridad, dijo que la responsabilidad de efectivos del ejército en el asesinato de Isis Obed está de sobra probada, tanto por los insumos entregados en el informe de la comisión de la verdad y reconciliación como por investigaciones que en su momento hicieron autoridades hondureñas.
Esas pesquisas prueban, por ejemplo, que el joven manifestante murió por un disparo que entró por la parte frontal de la cabeza en una dirección de arriba hacia abajo, y que el orificio de entrada coincide con proyectiles utilizados por las fuerzas armadas hondureñas.
Después del golpe de Estado de 2009, en Honduras asumió un gobierno provisional que fue desconocido por la comunidad internacional, presidido por el empresario Roberto Micheletti.
Durante su gestión, las autoridades defendieron la tesis según la cual los disparos que terminaron con la vida de Isis Obed provinieron de los mismos manifestantes, pero esta versión ha sido desmentida por varios investigadores y por las mismas pruebas recabadas en pesquisas posteriores.
“La teoría oficial en ese momento sostiene que el disparo fue realizado por los propios manifestantes situados detrás de la víctima. A pesar de que sigue siendo todavía la versión de algunas de las autoridades de aquel tiempo, creemos que está completamente refutada por el certificado médico preliminar de la autopsia a la víctima, dos días después, que señalaba que la trayectoria del disparo era de adelante hacia atrás y de arriba hacia abajo. La hipótesis más probable es que los disparos sobre los manifestantes fueron hechos por miembros del Ejército ubicados en la pista de aterrizaje o en otros lugares dentro del aeropuerto”, dice un informe al que Infobae tuvo acceso y cuyos postulados coinciden con la tesis actual del MP.
A pesar de que la mayoría de los testimonios y pruebas recabadas que permitían sostener la participación del ejército ya estaban claros pocos días después del asesinato, los gobiernos que siguieron al golpe de Estado, tanto el de Micheletti como los de los presidentes Porfirio Lobo y Juan Orlando Hernández, se negaron a investigar estos hechos.