La fuerte tormenta que azotó la ciudad de San Pablo el pasado viernes, provocando un apagón que duró varios días, está cambiando las tornas en la fase final de la campaña electoral de cara a la segunda vuelta de las elecciones municipales, prevista para el 27 de octubre. Según algunos politólogos, podría incluso desplazar votos, decretando quién ganará, si el actual alcalde, Ricardo Nunes, del Movimiento Democrático Brasileño (MDB) o el candidato Guilherme Boulos, del partido Socialismo y Libertad (PSOL). Ambos habían obtenido en la primera vuelta el 29,48% y el 29,07 de los votos, respectivamente. El caos en el que se ha sumido la capital financiera del país y las acusaciones de los dos candidatos a la alcaldía contra la concesionaria italiana Enel han alterado los debates políticos y también han dado un eco nacional al problema. Además del tira y afloja entre el gobierno federal y el municipal, hay varias ciudades de Brasil que han tenido problemas con la empresa italiana en el pasado y ahora se han unido al coro de protestas. La cuestión de las concesionarias de electricidad y sus servicios, junto con la del cambio climático, está monopolizando, por tanto, estas dos últimas semanas de debate electoral.
Todo estalló el viernes por la noche, cuando una violenta tormenta dejó a oscuras toda la ciudad de San Pablo. La lluvia y las ráfagas de viento provocaron la caída de decenas de árboles, que a su vez volcaron sobre las redes eléctricas, provocando su colapso. Una vez pasada la tormenta, la respuesta de Enel fue tan lenta que hasta el martes, cuatro días después de la tormenta, 214.000 edificios de San Pablo y sus ciudades satélite, desde São Bernardo do Campo a São Caetano, seguían sin electricidad, según la propia Enel. Ayer eran más de 90 mil. No faltaron episodios dramáticos. Siete personas murieron y hubo casos de padres desesperados de enfermos dependientes de equipos eléctricos que vieron estropearse los generadores de sus casas. La noticia de un perro que murió electrocutado por postes caídos en la calle con cables eléctricos a la vista creó conmoción. Sus dueños esperaron unas diez horas en la calle con el cuerpo del animal en el suelo sin poder tocarlo ni moverlo por el retraso en la intervención de Enel.
Es el segundo apagón de esta magnitud que sufre la ciudad de San Pablo. En noviembre de 2023, otra tormenta había azotado la metrópolis, dejando a oscuras a 4,2 millones de hogares. También en aquella ocasión hubo tanta polémica que el pasado julio, en una reunión en Italia durante la Cumbre del G7, el consejero delegado de Enel, Flavio Cattaneo, prometió al presidente Lula y al ministro de Energía, Alexandre Silveira, que no volverían a producirse apagones de ese tipo. En aquel momento, los directivos de la concesionaria italiana habían anunciado una inversión de 20.000 millones de reales (unos 3.700 millones de dólares) en el periodo de 2024 a 2026 en las redes eléctricas del país y en adaptaciones al cambio climático. “Brasil está dispuesto a renovar el acuerdo con Enel si se compromete con esta inversión”, había comentado Lula.