El 37° Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Trans, Travestis, Bisexuales, Intersexuales e Identidades No Binaries, que se convocó en Jujuy, persiguiendo la justa causa de poner punto final a la inequidad de género y sensibilizar sobre la tolerancia, el respeto y la aceptación, dejó a su paso daños, ataques, injurias, insultos y vandalismo en edificios que constituyen el patrimonio histórico y cultural de nuestra provincia, desencadenados por las más repudiables expresiones de violencia que no tienen lugar en una sociedad que pretende ser civilizada o, cuanto menos, razonable y coherente.
La legitimidad de la demanda por los derechos de mujeres, lesbianas, trans, travestis, bisexuales e intersexuales, está fuera de todo cuestionamiento, de hecho, es motivo de amplio consenso y respaldo por el colectivo de los jujeños, sin embargo las responsables de organizar y convocar no pudieron con el desafío de decir no a la violencia sin apelar a recursos violentos.
Jujuy garantizó libertad para el grito de igualdad, pero esta condición fue mal utilizada por sectores que no pueden, no quieren, desprenderse de una génesis cultural violenta que sólo apuesta a la división de género, como si esto fuera un gran y redituable negocio para unos pocos, mientras las víctimas pagan los costos.
La violencia, los daños y el vandalismo no constituyen la fuerza del feminismo ni la equidad de género. En la unión, el respeto, la empatía y la solidaridad, se afirma la verdadera justicia de un movimiento y una causa social.