No le daban de comer y la obligaban a beber alcohol y a mirar pornografía. Tras su liberación, el caso conmocionó a la sociedad estadounidense y ella se convirtió en activista por los derechos de los niños.
A mediados de 2002, Elizabeth Smart tenía 14 años y estaba a pocos días de graduarse de la secundaria de Salt Lake City, en Estados Unidos, donde vivía junto a su familia. Una noche, se fue a dormir como cualquier otra, sin saber que su vida estaba a punto de cambiar para siempre.
En la madrugada del 5 de junio, la joven fue amenazada con un cuchillo por un hombre que le resultó familiar. “No hagas ruido. Salí de la cama y vení conmigo o voy a matar a toda tu familia”, le dijo. Ella lo siguió obediente, mientras su hermana de 9 años observaba la escena sin poder intervenir. El agresor de pelo largo la hizo caminar varios kilómetros hasta un camping en donde la esperaba una misteriosa mujer.
El secuestrador se trataba de Brian David Mitchell, un albañil que había sido contratado por la familia Smart para que haga arreglos en la casa, quien actuó en complicidad con su esposa, Wanda Barzee. Juntos llevaron a cabo los actos más macabros contra la joven Elizabeth: la encadenaron a un árbol para violarla repetidas veces, no le daban de comer y la obligaban a beber alcohol y a mirar pornografía.
Todo cambió nueve meses después, cuando la adolescente fue vista junto a sus captores por un testigo que la reconoció y avisó a la Policía.