El próximo 6 de octubre, 153 millones de electores brasileños están llamados a las urnas para escoger a sus alcaldes y renovar la composición de las Cámaras municipales en 5.569 ciudades de este país de dimensiones continentales. En total hay 453.302 candidatos, según el Tribunal Superior Electoral (TSE), un 21% menos que hace cuatro años. Analistas políticos atribuyen esta bajada a la falta de confianza de los ciudadanos en la política tradicional, el costo elevado de las campañas electorales y las limitaciones impuestas por las coaliciones a los partidos que las integran. La segunda vuelta está fijada para el 27 de octubre, pero sólo en aquellos municipios con más de 200.000 electores, donde los candidatos a la Alcaldía no alcancen la mayoría absoluta.
El 16 de agosto arrancó la campaña electoral de unos comicios disputadísimos, que se celebran exactamente dos años después de las últimas presidenciales, cuando Luiz Inácio Lula da Silva consiguió su tercera victoria y Jair Bolsonaro se convirtió en el primer mandatario desde la redemocratización de Brasil que no consiguió reelegirse.
Para algunos politólogos, esta fecha tiene el mismo peso que las elecciones de medio mandato en los Estados Unidos y sirve para evaluar la popularidad del presidente en el cargo. También es un termómetro para medir el grado de polarización, que comenzó en la época de Dilma Rousseff y se agudizó con Bolsonaro. Una muestra de ello es que cerca de 300 candidatos han optado por adoptar el nombre de Lula o Bolsonaro en su campaña. ‘Lula de la Cachaça [pinga]’, ‘Lula del Bien’, ‘Querida Bolsonaro’ y ‘Negona de Bolsonaro’ son algunos ejemplos.
Desde hace meses, las dos principales figuras políticas estudian minuciosamente el mapa de Brasil para escoger a sus candidatos o tejer alianzas en las principales ciudades. Un caso es São Paulo, la urbe más rica y populosa del país, donde el actual alcalde Ricardo Nunes, apoyado por Bolsonaro’ enfrentará al diputado federal Guilherme Boulos, considerado el delfín de Lula.
Sin embargo, la misma polarización, que en 2018 consolidó a Bolsonaro en el poder, puede contribuir ahora al rechazo de los candidatos apoyados por Lula y su rival. Una encuesta realizada a finales de julio por Datafolha analizó la influencia de estos padrinos políticos en las elecciones de São Paulo. Más de la mitad de los votantes (56%) reconoció que estaría dispuesta a cambiar su voto, si el candidato cuenta con el apoyo de un político al que rechaza. Otro estudio realizado por varias universidades federales revela que el 40% de los entrevistados rehusaría votar por un aliado de Lula. En el caso de Bolsonaro, el rechazo asciende al 49%.