El nuevo líder de Hamas, Yahia Sinwar, sostiene en brazos al hijo de un combatiente de las Brigadas Al-Qassam muerto en los recientes enfrentamientos con Israel.
En 2012, el ayatolá Ali Jamenei recibió al líder de Hamas en Gaza, Ismail Haniyah, y le advirtió de que no se aproximara a los países del Golfo Pérsico ni abandonara lo que llamó «resistencia armada» frente a Israel. En un momento de la reunión con el líder supremo de la República Islámica en Teherán destinada a potenciar su patrocinio del grupo islamista, Haniyah señaló a un miembro de la delegación: «Le presento a Yahia Sinwar. Estuvo 25 años en la cárcel de la ocupación sionista y fue condenado a 430 años de prisión».
12 años después y tras lanzar el ataque más sangriento en la historia de Israel hace exactamente 10 meses, Sinwar ha completado su control absoluto de Hamas que ejercerá desde algún túnel en la Franja de Gaza. El líder más integrista, extremista y violento de Hamas ya no solo tiene la última palabra, sino la única de su grupo. La de la Yihad. La del 7 de octubre. La de la alianza con Irán.
«El Movimiento de Resistencia Islámica Hamas anuncia la elección del comandante Yahia Sinwar como jefe del buró político del movimiento, sucediendo al comandante mártir Ismail Haniyah, que Alá tenga piedad de él», comunicó el grupo palestino una semana después del asesinato de Haniyah en lo que, debido al plazo tan corto, parece un autonombramiento. De esta forma, se oficializa el liderazgo de Abu Ibrahim más allá de las fronteras de la Franja de Gaza, devastada tras la masiva ofensiva iniciada en respuesta a su ataque. El mismo enclave que en 2011 le recibió como un héroe procedente de la cárcel israelí donde cumplía condena por asesinar a varios palestinos sospechosos de colaborar con Israel. Algo que ya practicaba a finales de los 80 en nombre de un grupo fundado por Ahmed Yasin y otros seis islamistas.
Desde los integrantes del brazo armado y del Consejo Shura hasta los mediadores de Egipto y Qatar pasando por Israel y EEUU, todos saben que Sinwar ejercía y ejerce su influencia en el curso de la guerra y en el proceso negociador de tregua. Haniyah viajaba a Beirut, Estambul o Teherán consciente que el líder en Gaza desde 2017 tenía más poder que él en su lujosa sede en Qatar.
Su elección puede ser interpretada no solo como una exhibición de fuerza de Sinwar, sino como una prueba más de la plena adhesión del grupo suní al eje iraní chií. En medios árabes, no faltan teorías como la que apunta a que es un plan catarí para sacarle de Gaza, lo que aceleraría el fin de la guerra. Pero no está claro que alguien como Sinwar acepte irse de Gaza en el marco de un acuerdo y mucho menos que Israel permita dejarle vivo, ya que le sigue considerando el terrorista más buscado o un muerto viviente. «Sinwar recibió un nuevo título, jefe del buró político de Hamas. Este título, político no le absuelve de ser un asesino vinculado a toda la planificación y ejecución de lo ocurrido el 7 de octubre. El cambio de su título no solo nos impide que le sigamos buscando, sino que nos estimula para encontrarlo», advierte el jefe del Ejército, Herzi Halevi.
El asesinato de Haniyah, supuestamente a cargo del Mosad en una casa bajo custodia de la Guardia Revolucionaria en Teherán, colocó a Hamas ante un dilema. Nombrar a un interino hasta la elección del sucesor definitivo, devolver el liderazgo a Jaled Meshal pese al veto iraní o apostar por el número dos de Sinwar, Jalil Al Jaya.
En otras circunstancias, Hamas no habría optado por Sinwar, incapaz de viajar para recabar apoyo político, militar y económico. «Ha sido elegido de forma unánime y ello ratifica que el movimiento es consciente de la naturaleza de la época. Sinwar es quien lidera la lucha tras 305 días», justifica el dirigente Ossama Hamdan mientras algunos analistas árabes consideran que se trata de «un mensaje desafiante a Israel».
Desde que fue puesto en libertad en 2011 junto a otros 1.026 presos palestinos en el canje por el soldado Gilad Shalit, cautivo durante cinco años, Sinwar tenía la meta de hacerse con el control del grupo integrista que además gobernaba Gaza con mano de hierro. Para ello, se alió con la cúpula del brazo armado, del que fue uno de sus fundadores, representada en Mohamed Deif y Marwan Issa (ambos muertos en operaciones israelíes en los últimos meses) en detrimento del cada vez más debilitado Haniyah. Su filosofía era clara: cualquier sacrificio incluyendo la muerte de gazatíes es necesario y justificado para lograr sus objetivos tal y como se desprende de la grabación revelada por The Wall Street Journal hace dos meses.
«Su nombramiento es malo no solo para los israelíes sino para los palestinos. Es la victoria del lado más radical en Hamas», comenta el pacifista estadounidense-israelí Gershon Baskin que ha mantenido contactos con este grupo. Baskin, muy crítico con la ofensiva israelí y con el Gobierno de Netanyahu, añade: «Es un duro golpe para quienes pensaban que, tras el horror que Sinwar trajo a Gaza, Hamas podría permitir que otros gobernaran Gaza».
¿Influirá el cambio de rostro oficial del liderazgo de Hamas en la negociación para una tregua? «Hamas sigue comprometido a llegar a un acuerdo manteniendo el mismo equipo negociador», afirmó Hamdan a Al Yazira. Si es cierto que Haniyah ponía obstáculos, su muerte favorece los intentos de la mediación, pero al mismo tiempo puede provocar una represalia iraní y con ella la escalada regional soñada por Sinwar cuando lanzó la Inundación Al Aqsa, por lo que no se apresurará a dar una respuesta hasta ver qué pasa con Irán y Hizbulá. Los 115 secuestrados en cautiverio son la principal baza de Sinwar en la negociación ante Israel y en la lucha interna de poder más allá de que algunos de ellos son usados probablemente como escudo defensivo en un túnel.