La elección de “padrinos” oculta las cuotas que negoció Nicolás Maduro para enfrentar la lucha interna por el poder

El sucesor de Chávez ha sabido jugar sus cartas y vuelve a ser el candidato a la presidencia de Venezuela, con el mensaje de que sigue siendo el líder de la revolución

Sebastiana Barráez

Desde el último año se acentuó en la revolución bolivariana las fuerzas internas que buscaron la sustitución de Nicolás Maduro; el principal es Diosdado Cabello, quien ha luchado por llegar a Miraflores incluso con Hugo Chávez en la presidencia, pero no ha superado ser el segundo a bordo con tendencia a la baja. El sucesor de Chávez ha sabido jugar sus cartas y vuelve a ser el candidato a la presidencia, con el mensaje de que sigue siendo el líder de la revolución, mientras en una hábil maniobra envía a los ministros, como padrinos o madrinas, a la campaña en las regiones. Incluso envía al “segundo a bordo” a ocuparse del estado Zulia, uno de los 23 estados del país.

Es Diosdado Cabello, como vicepresidente del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), quien le dice al país que Maduro Moros fue escogido por unanimidad, en 317 mil 187 asambleas realizadas en tres días, como candidato de la tolda roja para las elecciones del 28 de julio. Esas asambleas nunca se realizaron. La excusa de Cabello es que “57 mil 216 asambleas se realizaron en las calles”, cuando en realidad pasaron, a las estructuras del partido, las planillas previamente llenas con el nombre de Maduro para que las firmaran, sin opción a protesta.

Aún cuando Diosdado Cabello, con los hermanos Rodríguez, sacó del juego al otrora poderoso Tareck El Aissami, está reducido al control del SEBIN (Servicio Bolivariano de Inteligencia) a través del general Gustavo González; del Seniat (Servicio de Administración Tributaria), a través de su hermano José David; un programa de televisión que en 10 años perdió casi el 90% de audiencia; su mujer hace tiempo que salió del Gabinete presidencial; y Cabello pasó de ser ministro y presidente del parlamento, a diputado raso y ahora “jefe supremo de la campaña” en uno de los 23 estados del país.

Pero Maduro que juega, con el asesoramiento de su esposa Cilia Flores, le suelta dos caramelos a la tendencia de Diosdado; nombra a su hija Daniela Cabello como presidente de Marca País, que se ocupa de la promoción del turismo y las bellezas venezolanas; y designa a la hija de Hugo Chávez, Rosinés Chávez Rodríguez, como presidente del Instituto Nacional de Parques (Inparques).

Si en algo ha sido hábil Maduro para frenar las contracorrientes internas, es irle quitando espacios a los que amenacen su estabilidad en el poder. Lo hizo, en el 2014 con el MG (Ej), entonces ministro del Interior y Justicia, Miguel Rodríguez Torres, a quien destituye del cargo el 24 de octubre, aprovechando que un grupo de colectivos lo responsabilizaron, tres semanas antes, de la muerte de José Miguel Odreman Dávila, un ex policía metropolitano quien liderizaba el “Colectivo 5 de Marzo”.

El 13 de marzo 2018 funcionarios del Sebin, organismo que creó y presidió durante años, detuvo a Rodríguez Torres y lo entregó a la Dirección General de Contrainteligencia Militar (Dgcim), donde estuvo en custodia hasta el 21 de enero 2023. Otros, como Elías Jaua Milano, se han quedado en el silencio dentro de la revolución.

 

Los militares

Lo que más inquieta a Maduro es no tener el control directo de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), solo lo hace a través del Ministro de la Defensa, General en Jefe (Ej) Vladimir Padrino López, cuyo conocimiento de la institución castrense le permite mantenerse en el cargo, con apoyo de las relaciones que sostiene con medios de propaganda del régimen venezolano.

No hay en la FANB ningún liderazgo fuerte; los emergentes se han corrompido, otros se han quedado en el camino y los hay quienes temen caer bajo sospecha.

Aun así, en el mundo castrense hay un grupo de militares, casi una sociedad secreta, con códigos propios y bases económicas, que ha trabajado silenciosamente por la conquista del poder. Algunos de ellos han entendido la estrategia oculta en la Brigadas Comunitarias Militares (Bricomiles), como un hecho que permite la participación de civiles armados tras el argumento de que “la revolución está en peligro”, como repiten los jerarcas del gobierno.