La creciente actividad minera genera entusiasmo pero tiene sus complicaciones, especialmente en lo que hace al tránsito pesado en la Puna y en las principales vías de comunicación con la ciudad de Salta.
Las obras que se desarrollan en los yacimientos mineros intensificaron el traslado de materiales e insumos que, en muchos casos, ya generaron graves accidentes viales.
Desde la Policía tienen registrado, en lo que va del año, cinco siniestros graves en la rutas de altura, dos de ellos con víctimas fatales. Mientras que distintas fuentes empresariales de San Antonio de los Cobres llevan contabilizadas alrededor de 10 accidentes de distinta gravedad hasta esta altura de 2023.
En cuanto a los motivos de los siniestros, son muy variados, pero no es menor la «falta de prevención» y la «inobservancia de las normas de seguridad», según señalaron diversos usuarios de los caminos puneños
«Muchas veces los apuros, las ganas de abarcar más cantidad de servicios por la gran demanda lleva a que no se tomen en cuenta temas fundamentales, como la cantidad de kilos transportados, alturas permitidas, velocidades, entre otros», contó un camionero, quien pidió reserva de nombre. Sin ir más lejos, días atrás en barrio Juan Calchaqui, de la capital, a pocos metros de la ruta 26 un camión cargado de rollos de membrana que se dirigía a la Puna arrastró los cables del tendido eléctrico. Hubo un enorme operativo policial para evitar que alguien pudiera electrocutarse.
«Creen que van en F1»
Mario Alancay, cacique de la comunidad kolla de Tolar Grande, contó: «Estamos muy preocupados. Hace unos años era inimaginable el tránsito de vehículos pesados que existe hoy en la Puna. El tema son las altas velocidades. Algunos camioneros creen que van en un Fórmula 1». Sobre este punto señaló que ya puso en conocimiento de la situación a las empresas que operan en la zona.
«Les avisé para que bajen línea a su personal y pongan controles. Muchas veces quieren hacer más de lo que pueden, de su capacidad. Llevan materiales, descargan en las mineras y bajan a las ‘chapas’. El otro día vine de la ciudad a Tolar y me pasaron a mil, rebotando con los camiones en las banquinas y levantando un polvaderal. Falta de responsabilidad», señaló Alancay.
El referente aborigen de la zona puso de relieve que hoy las empresas pueden acceder a tecnología para controlar las velocidades.
«Hay algunas que las aplican, tienen GPS y vehículos custodios por seguridad. Esa es la forma de controlar la situación. No hay que meter a todas en la misma bolsa. Desde mi lugar también reclamo a Vialidad y al consorcio a cargo del mantenimiento de la ruta 27, por la polvareda que se levanta. Es un riesgo andar en vehículos chicos. Va un convoy de 4, 5 o 6 camiones a gran velocidad y quedás a ciegas», relató el lugareño.
Las rutas más peligrosas en Los Andes son la nacional 51 y las provinciales 27 y 129 (que lleva hacia Pastos Grandes). Entre esos caminos, uno de los puntos complicados está a la altura de Chorrillos, donde la traza se convierte en un verdadero pedregal y existen curvas y contracurvas.
Esta situación también afecta sobremanera al turismo, afirmó Alancay. «Quién va a querer venir a visitar Tolar Grande u otras localidades de Los Andes, si cuando se bajan a sacar una foto pasan los camiones a gran velocidad y los cubren con una nube de tierra, además de lo peligrosas que se han convertido las rutas», sostuvo.