Martín Tetaz, diputado nacional por JxC, aseveró que «Javier Milei rehúye en debate real de los capitalismos posibles». El crecimiento del radicalismo, la baja de Facundo Manes en las encuestas y la identidad de la fuerza opositora que compone
¿Notás que Javier Milei se guardó de los medios y que ahora van a los medios economistas noventistas cercanos a él, que vienen a bajar los decibeles del discurso de la dolarización y la explosión del Banco Central, y no las posiciones tan extremas con las que Milei se hizo famoso?
Milei se hizo famoso, primero, usando la falacia del hombre de paja. Por esa misma razón, nosotros le llevamos un espantapájaros para regalárselo. Lamentablemente, no se presentó y no se lo pudimos regalar.
Pero la idea no era discutir contra un espantapájaros, sino denunciar que eso es lo que hace él. La famosa falacia del hombre de paja es ponerte en tu boca un argumento que nunca dijiste y derrotar un argumento que es fácil de vencer.
El argumento de Milei y sus seguidores es que todos los que piensan distinto son socialistas, comunistas y planificadores. ¿Por qué eligen el comunismo? Porque es un rival muerto, caído con el Muro de Berlín en 1989, es fácil discutir contra un muerto.
Sin embargo, rehúye en debate real de los capitalismos posibles, de los que funcionan en el mundo, las ideas que pueden sacar a Argentina. Por eso no quiere dar el debate profundo contra otro economista.
Fijate que se aceptó aquel famoso debate que te tocó moderar a vos con Juan Grabois, esencialmente, porque Grabois no es economista. Es una razón media extraña que un tipo que es economista no se anime a debatir con ningún otro economista.
Nosotros mencionábamos el Teorema de Baglini. ¿Notás, por un lado, la hipótesis de este Teorema y, por el otro, cierta presión de los bancos hacia los sponsors de Milei, diciéndole que aclare que no romperá el Banco Central porque, de lo contrario, el 13 de agosto y si llegara a salir primero entre los más votados, podría ver una corrida bancaria y eso afectaría a quienes incluso están sponsoreando a la propia candidatura de Milei?
Es un poco más de estrategia. A Milei le pasa algo similar a Cristina Kirchner, que crece cuando calla y se hunde cuando habla. Ella, cuando más habla, más cae en las encuestas. Y cuando se retira o se calla en general sube en las encuestas.
Pero eso pasa con los líderes decadentes, no era la situación de Milei hace un año, que casualmente crecía cuando hablaba.
Ese crecimiento, insisto, cuando llega la hora de enfrentar la realidad, una cosa es tomarse esto como un fenómeno emergente, relativamente marginal y extremo, y otra es cuando empieza a crecer y uno dice «mirá que se está metiendo entre los tres primeros y puede llegar a ganar».
Entonces, cuando empieza a parecer que puede llegar a ganar uno piensa «¿cómo era eso de la dolarización? ¿Cómo era eso de prender fuego el Banco Central?». Todo el mundo quiere saber cómo es de verdad y ahí la propia gente que trabaja con él le transmite que «no podemos seguir diciendo esto porque no vamos a durar ni un minuto».
El fenómeno Milei y el límite del núcleo duro: ¿Llegó a un techo?
Eso es un poco el ABC de la supervivencia, tiene que ver con esto del Teorema que describías que cuando más cerca estás del Gobierno y más razonable te empezás a poner en las encuestas.
Acabás de presentar un proyecto de ley para garantizar la democratización sindical y recordás allí que, 11 días después de asumir, Raúl Alfonsín mandó al Congreso la Ley Mucci, por su ministro de Trabajo, que buscaba democratizar el modelo sindical.
En aquel momento, lo que además denunciaba Alfonsín es que durante la dictadura había existido un pacto sindical militar, es decir, colocaba a los sindicalistas como contubernio con los dictadores. ¿Cómo es en tu caso? ¿Por qué recordás esa ley?
Exactamente. Porque esa ley, esencialmente, lo que busca era normalizar los sindicatos y que la democracia no fuera solamente para los cargos selectivos de los distintos poderes, sino que también permeara en las estructuras sindicales que, como decís, venían sin un régimen de elecciones por su acuerdo con los sectores militares.
Entonces, tenía una lógica que, si vos revisás artículo por artículo, era una ley de normalización de cómo tenía que ser el proceso electoral de los sindicatos.
Hoy, pasados 40 años de democracia, prácticamente la realidad es que el mecanismo de elecciones está dentro de los sindicatos, pero garantiza que se perpetúen siempre los mismos, no hay rotación ni renovación, hay sindicalistas que están hace 20, 30 o hasta 40 años al frente de los sindicatos. Y no hay facilidades para que las minorías tengan representación dentro de los sindicatos.
Por lo que estamos tratando de atacar es eso, sería la «Ley Neomucci», si alguno pudiera llamarlo de alguna manera, porque lo que busca es democratizar los sindicatos de este momento, que tiene una realidad, no es que no tienen un mecanismo de elección.
Ahora sí lo tienen, pero poseen uno que garantiza la hegemonía de los mismos siempre y no genera democracia sindical.
Estamos citando juntos distintos referentes radicales. Y existe una hipótesis, no sé cuán probable termine siendo, de que posiblemente los principales candidatos radicales terminen integrando las fórmulas cruzadas como vices de los dos candidatos del PRO.
¿Creés que, como piensa Facundo Manes, el radicalismo tiene que tener una fórmula pura, competirle a los candidatos del PRO y hasta poder ganarle?
Sí, desde que me metí en la política que estoy tratando de trabajar para que el radicalismo tenga un candidato a presidente y gobernador competitivos, pero después está la realidad. Iniciamos un proceso de construcción en muchos distritos, en algunos con relativo éxito.
Por ejemplo, el candidato a gobernador que de milagro no gana en La Pampa, la mejor elección de la historia de la oposición allí fue radical. También los dos candidatos que están disputando las PASO en Santa Fe, uno de los dos será gobernador casi seguro, son ambos radicales. El candidato más competitivo de la Ciudad, sin ir más lejos, es un radical.
El radicalismo está creciendo y en muchos distritos logramos construir esos candidatos competitivos, pero en otros no. Por lo que hoy somos casi presa de la interna del PRO a nivel nacional, no logramos una figura nacional que hoy aparezca con dos dígitos en las encuestas.
Entonces, cuando se da ese panorama, tampoco tiene sentido presentar el candidato por presentarlo, porque después qué intendente querrá ir en una boleta de un candidato a presidente que puede 5% para arriesgar perder su intendencia. Es muy difícil armar cuando en el acuerdo nacional de arriba no tenés un candidato que sea competitivo.
Pedirle a todos que se inmolen en nombre de una elección testimonial, esto no tiene ningún sentido. Uno intenta buscar una candidatura radical, pero si esa no llegamos a construirla para esta elección, seguramente pasará esto que decías vos, de que terminaremos integrando con fórmulas cruzadas con alguno de los otros espacios que hay.