El sorpresivo factor que desalienta el goteo de depósitos en dólares

Una inadecuada disponibilidad de dólares “cara grande” en varios bancos hace que muchos ahorristas posterguen o desistan del retiro.

Hay un viejo refrán que sentencia que “no hay mal que por bien no venga”. En realidad es un intento por emitir un mensaje optimista ante situaciones que, en principio, no son buenas. Y podría decirse que aplica para explicar lo que sucede en las últimas semanas con los depósitos privados en dólares atesorados en bancos locales.

Es que, tras un mes y medio de goteo (lapso en que se fueron casi US$1200 millones o algo así como 7,2% del stock total de colocaciones), el drenaje se moderó notablemente en lo que va de mayo, al punto que las estadísticas oficiales registran una caída de apenas US$32 millones en las 13 primeras jornadas hábiles del mes, cifra nimia en relación con los US$123 millones que se fueron, por caso, sólo el 26 de abril pasado.

Impensadamente, hasta en los bancos admiten que parte del frenazo que muestran los retiros (cuando las condiciones de la economía que los reactivaron no han cambiado prácticamente en nada) está relacionado con una limitación fáctica que enfrentan: la inadecuada disponibilidad de billetes de “cara grande” con que cuentan y la reticencia que los depositantes muestran a aceptar los de “cara chica” (emitidos antes de 1996) por el diferencial de precio negativo que el mercado interno -legal y paralelo- impuso a su comercialización.

Todo eso aun cuando, inesperadamente, la propia Reserva Federal de Estados Unidos se preocupó por aclarar meses atrás, y reiterar incluso hace unos días, que tanto los billetes “cara grande” como “cara chica” son “de curso legal” y, por lo mismo, deben recibir el mismo valor de intercambio.

“La Junta de la Reserva Federal reconoce que en algunos países puede haber diferentes tipos de cambio o políticas de aceptación de monedas extranjeras, pero los mercados, y no el gobierno de los Estados Unidos, controlan estos tipos”, indicó en su página web, para remarcar que todos los billetes de dólar impresos desde 1914 hasta la fecha tienen curso legal y que los sucesivos ajustes en los modelos sólo tienen que ver con la necesidad de dificultar la falsificación.

La natural psicosis generada al respecto incide notablemente en la conducta de los depositantes que, al momento de pasar por caja, esperan llevarse los billetes más nuevos y, a menudo, se encuentran con que no es posible (al menos en ese momento) o que deben resignarse a aceptar al menos una parte de lo retirado en billetes “cara chica”.

La idea que prevalece entre los depositantes que eligen hacer retiros para ganar tranquilidad ante la falta de reservas que exhibe el Banco Central (BCRA), y el temor a que -ocasionalmente- eche mano a los encajes para poder seguir interviniendo sobre el mercado oficial en un intento por evitar o seguir postergando un sinceramiento cambiario, es no tener problemas o posibles descuentos al momento en que intenten hacer uso de de los billetes.

“No tiene que ver con que los sacan de acá y se van corriendo a cambiarlo con un arbolito y no quieren recibir $470 por algo que se paga $492 en la mayoría de los casos, sino con la idea de no sentirse perjudicados”, explicaron en otro banco privado líder en alusión a la quita cercana al 5% promedio que le aplican.

En los bancos privados sucursaleros más importantes del país aclaran que los problemas que pudieron presentarse para atender estos pedidos en el último mes y medio con billetes obedecieron a varios factores. Explican por caso que, si bien tenían previsto que, con el correr del año electoral, como sucede habitualmente, tendrían que enfrentar alguna ola de retiros, no esperaban que esta se activara con el anticipo que lo hizo. “Se venía de meses muy tranquilos tras las salida de más de US$1000 millones entre fin de julio y agosto del año pasado relacionada con los cambios [de ministros] en Economía. Tal vez eso hizo que la importación de billetes haya quedado algo desfasada”, confió el tesorero de una entidad, que explicó que hacer este tipo de operaciones les demanda algo más de 15 días y les implica un costo de 1,5% que buscan acotar haciendo importaciones de gran cantidad.

Además, explican que los clientes que en los últimos meses hacían depósitos en sus cuentas en moneda extranjera (el sistema tuvo ingresos netos por más de US$1900 millones entre septiembre y fines de marzo) muchas veces lo hacían con dólar “cara chica”. “Aprovechaban para sacarse de encima esos billetes, pero a la hora de hacer el retiro son los más inflexibles al pedirte los más nuevos”, explican.

Es algo muy comprensible, en especial cuando se analiza la composición de los depósitos privados en dólares que los bancos locales mantienen bajo administración, lo que muestra un universo de clientes muy atomizado. Con datos a marzo, según un reciente informe de la Consultora 1816, si bien hay registradas más de 14 millones de cuentas en moneda extranjera en el sistema financiero local, sólo medio millón de ellas cuentan con saldos superiores a los US$3000.

A su vez, el 65% del stock total, ubicado en US$15.300 millones a medidos de mes, pertenece a individuos (algo más de US$10.000 millones) y sólo el 35% restante (poco más de US$5000 millones) son depósitos de empresas.