El último empujón para «bajarse» de la reelección puede haber sido la reciente corrida cambiaria -acompañada con goteo de depósitos en dólares- y las escasas perspectivas de mejora. Además, todos los pronósticos, desde el Ministerio de Economía hasta el analista más crítico, marcan que la situación podría empeorar antes de mejorar.
Desde diciembre de 2019, la inflación acumuló un 400%, por encima de los períodos de Néstor Kirchner, Cristina Kirchner y Mauricio Macri. Mientras tanto, el índice de precios al consumidor (IPC) en la región, solo es superado por Venezuela. El 104% del IPC del último año se suma a un tipo de cambio oficial y tarifas atrasadas, además de varios precios minoristas «pisados». La experiencia histórica de levantamiento de la represión de los precios nunca ha mostrado un final feliz.
Los datos de pobreza también son alarmantes. A fines del 2019, la pobreza alcanzaba al 35,5% de la población, y tres años más tarde, tocó el 39,2%. Expertos estiman que este gobierno llegará a diciembre con un pico del 42 por ciento. La canasta básica total aumentó el 120% el último año, anticipando que esta previsión no resultaría desacertada.
A pesar de que el Gobierno saca a relucir que el PBI creció dos años consecutivos y que el desempleo abierto cayó en 2022, este aumento de la pobreza muestra con nitidez que un régimen de alta inflación crónica destroza cualquier otro logro. Desde 2011, el país ha experimentado una decadencia en la gestión económica, pasando de ser el país con el PBI per cápita más alto de América Latina a ser el quinto país en ese ranking en 2021. Además, el Estado pasó de gozar de un superávit primario del 2,9% en 2007 a contar un déficit del 2,4% en 2022. Una tendencia similar se observa en el resultado fiscal con pago de la deuda incluido, que pasó de un déficit del -1,4% en 2011 a un rojo del 4,2% el año pasado.