Las autoridades alemanas apuestan por poder cumplir sus ambiciones ecológicas sin energía atómica, a pesar de la crisis energética provocada por la guerra de Ucrania. La mayor economía europea desconectará sus tres últimas centrales nucleares para dar paso a una transición verde sin reactores atómicos.
En el complejo bávaro de Isar 2, a orillas del río Neckar y en Emsland, al norte del país, se encuentra las tres centrales nucleares que serán cerradas el 15 de abril de 2023. Muchos países occidentales apuestan por la energía nuclear para reducir las emisiones de carbono, pero Alemania se despide definitivamente de la energía nuclear, aunque el asunto haya provocado controversias hasta el final.
El anuncio de Alemania de eliminar progresivamente la energía nuclear adoptada en 2002 fue acelerado en 2011 tras la catástrofe de Fukushima en Japón y contó con el apoyo de la opinión pública. El poderoso movimiento antinuclear se nutrió primero de los temores de un conflicto vinculado con la Guerra Fría y luego de accidentes como el de Chernóbil en 1986.
La invasión rusa de Ucrania el 24 de febrero de 2022, que supuso el fin del gas barato y un recorte drástico de los suministros rusos, obligó a Alemania a aplazar unos meses el calendario de desconexión final inicialmente previsto, el 31 de diciembre. Se evaluaron escenarios sombríos, que incluían la parálisis de sus fábricas o la falta de calefacción en pleno invierno, y se midió el impacto de la crisis en la opinión pública.
Alemania cerró sus últimas centrales nucleares, en línea con su compromiso ecológico, lo que podría marcar un ejemplo en la lucha contra el cambio climático y en la transición hacia una economía sostenible.
El sector nuclear representaba el 30,8% de la energía generada en Alemania en 1997, en su nivel más alto, y solo el 6% el año pasado. Y desde 2003, ya cerraron dieciséis de los 19 reactores que llegó a tener el país.
El porcentaje de energías renovables en la producción alemana pasó en cambio de 25% diez años atrás a 46% en 2022.
5 turbinas eólicas por día
Sin embargo, el ritmo actual de la transición verde no satisface al gobierno ni a los defensores del medio ambiente. Y sin un fuerte impulso, Alemania no alcanzaría sus objetivos climáticos.
Esos objetivos “ya son ambiciosos sin el abandono del sector nuclear y cada vez que nos privamos de una opción tecnológica las cosas se vuelven más difíciles”, explica Georg Zachmann, especialista en cuestiones energéticas para el centro de reflexión Bruegel con sede en Bruselas.
La ecuación es aún más compleja si se tiene en cuenta el objetivo de detener todas las centrales del país que funcionan con carbón en 2038 a más tardar, con una primera ola de cierres en 2030.
El carbón representa aún un tercio de la producción eléctrica alemana, con un alza de 8% el año pasado para compensar la ausencia de gas ruso.
Alemania necesita instalar “4 o 5 turbinas eólicas por día” en los próximos años para cubrir sus necesidades, advirtió Olaf Scholz. La vara está alta si se compara con las 551 unidades instaladas en 2022.
Además, el ritmo de instalación de equipamientos fotovoltaicos debe más que duplicarse, según los cálculos del grupo de expertos Agora Energiewende.