
Casi cuatro meses después de asumir la presidencia de Chile en medio de una oleada de optimismo y con promesas de cambios sociales radicales, el entusiasmo por el presidente izquierdista Gabriel Boric languidece.
El cóctel que afecta a la popularidad del mandatario más joven en la historia de Chile combina los persistentes problemas en el sur a causa del conflicto mapuche, una creciente inflación vinculada en parte a los precios mundiales de los alimentos y del combustible, y varios pasos en falso de sus ministros.
Boric ahora busca recuperar terreno e impulsar una agenda política que incluye una reforma tributaria para financiar más gasto social y una regulación ambiental más estricta que levanta alarmas en el poderoso sector minero de Chile, principal productor mundial de cobre.
Una encuesta divulgada el domingo mostró que el apoyo al presidente cayó al 34%, el nivel más bajo desde que asumió el 11 de marzo, en la misma línea que el respaldo a la propuesta de nueva Constitución.
Como le vaya a Gabriel Boric es clave no sólo para Chile sino para los gobiernos de izquierda en América Latina y su capacidad para ganarse a los votantes, enojados por los altos precios de los combustibles y los alimentos, el enfriamiento de la economía y el impacto residual de la pandemia de coronavirus.
Durante su campaña, Boric se comprometió a terminar con el modelo económico orientado hacia el libre mercado, aunque moderó su discurso designando al expresidente del Banco Central Mario Marcel como ministro de Hacienda, una señal que calmó a los inversores en el mayor productor global de cobre.
La agenda social postergada
Pero si bien su agenda ambiental y el foco en la inclusión le valieron elogios, analistas señalan que la mayoría de los chilenos está más preocupado por asuntos cotidianos.
«La gente también quiere llegar a fin de mes, comprarse un auto, tener certidumbre de que sus hijos tendrán una vida próspera», dijo Cristóbal Bellolio, analista político.
El conflicto con los mapuches en el sur de Chile, donde frecuentemente se registran ataques incendiarios contra propiedades, maquinarias y vehículos, también puso a prueba la postura más conciliadora de Gabriel Boric, cuyo sector criticó duramente al gobierno de Sebastián Piñera por recurrir a los militares para abordar el conflicto.
Y aunque en campaña aseguró que su gobierno no recurriría al estado de emergencia, finalmente sí lo hizo.
«Una vez pasada la ‘Boricmanía’, volvemos a lo de siempre, era lógico que todos estos temas de orden público iban a ser un dolor de cabeza para el Gobierno», señaló Bellolio.