
“Sí, renuncié”. Así contestó Antonio Pronsato, el funcionario del área de Energía a cargo de avanzar con la obra del gasoducto Néstor Kirchner. Para entonces, a su alrededor se había desatado un verdadero hervidero político por su decisión, con especial impacto en La Cámpora, el sector del Frente de Todos que controla la mayoría de los resortes energéticos del Gobierno.
El portazo de Pronsato, un funcionario que había integrado los equipos de Julio De Vido durante los primeros gobiernos kirchneristas y había sido adoptado como asesor por La Cámpora, exhibió con crudeza las dificultades del Gobierno para avanzar con el gasoducto.
El futuro de la obra quedó así sumergido en la incertidumbre, cuando el Gobierno la había utilizado en los últimos días como bandera para exhibir avances en materia energética.
Desde la unidad ejecutora que encabezaba, Pronsato tenía la función de impulsar las obras, pero los desacuerdos estallaban a su alrededor.
Recién por la tarde emitió un comunicado, donde ocultó por completo el alejamiento de Pronsato y sostenía que “los trámites de licitación, adjudicación y ejecución del gasoducto Presidente Néstor Kirchner están avanzando dentro de los plazos previstos”.