
Lo manejan el gobierno nacional, la Provincia y la Ciudad. Y hay movidas de un poder paralelo de las que nadie se hace cargo.
Aunque resulta difícil poner a prueba muchas afirmaciones, el Mercado Central está en el subconsciente de los ministros de Economía cuando escala la inflación. Las frutas y verduras suelen empujar con fuerza el índice de precios, pero el centro comercializador, donde se definen esos precios y abastece a la Región Metropolitana y al Gran Buenos Aires, con 12,8 millones de habitantes, sigue siendo un misterio.
Mariano Winograd, uno de los mayores expertos en el tema, apunta al cambio en los hábitos de consumo provocado por la pandemia. “Con la gente en la casa, mayor disponibilidad de dinero y la prioridad en la preocupación por la salud, las frutas y verduras regresaron a la mesa. La demanda aumentó significativamente. A tal punto, que proliferaron las verdulerías mientras cerraban los restaurantes. Esa demanda se sostuvo también con el plan platita del Gobierno”, asegura.
Al ser consultado por las últimas subas, Winograd lo atribuye a los calores de enero y a la fuerte sequía que destrozó los cultivos. “Los precios están bajando. Hay mucha competencia en el Mercado Central. Están los grandes y también Eusebia Mamaní y se matan por la mercadería”. En las naves abundan los operadores con 900 puestos que pertenecen a 30 empresas de gran tamaño y 70 pymes, que despachan 106.000 toneladas mensuales.
Eso sí, ya se anticipa que faltarán las naranjas, sinónimo de precios prohibitivos. La culpa la tienen la sequía y los incendios en Corrientes. Y habrá que prepararse para otro salto del tomate, estrella del cordón frutihortícola del Gran La Plata. Hubo una caída tan pronunciada de la cosecha que terminó en la suspensión de la tradicional Fiesta del Tomate, que se realiza en Los Hornos. “No quisimos hacer una fiesta del tomate sin tomates”, explicaron.