
El aumento de los precios internacionales del petróleo y del gas no para de generar dolores de cabeza en el Gobierno, pero, aun así, los principales actores energéticos en el país creen que los funcionarios no dimensionan el efecto negativo que tendrá en la economía el shock externo. Además de impactar de manera directa en los subsidios a la energía y en las reservas del Banco Central, los analistas estiman que el Gobierno deberá administrar la escasez de gas en el invierno con cortes programados de energía eléctrica en la industria. Por el lado del petróleo, en el sector temen que haya desabastecimiento de gasoil, ya que un 15% de este producto se importa y los precios locales no reflejan ni la mitad del valor actual del barril de petróleo en el mercado externo.
Los precios del petróleo y del gas volvieron a pegar otro salto hoy, luego de que ayer el secretario de Estado de Estados Unidos, Antony Blinken, dijera que están evaluando, junto a sus socios europeos, dejar de importar petróleo de Rusia. La noticia impactó de lleno en los mercados, pese a que sería muy difícil frenar las compras de crudo a Rusia, uno de los principales países exportadores del mundo, al cual Europa le adquiere alrededor del 30% de lo que consume.
El Brent, la cotización internacional del barril de petróleo que se toma de referencia en la Argentina, llegó a valer hoy casi US$130, su nivel más alto desde la crisis financiera de 2008. Si bien la cotización luego disminuyó a US$123, aumentó casi 5% con relación a los US$118,11 del cierre anterior.
Esta suba no es inocua para el mercado doméstico, que genera grandes ganadores y perdedores por igual. Las productoras de petróleo, como Pan American Energy (PAE, dueña de Axion), Vista, ExxonMobil, Chevron y Shell, se benefician con el aumento de precios, ya que desde 2020 lograron un buen ritmo de exportación por los excedentes que genera la productividad de Vaca Muerta. Caso contrario ocurre con las refinerías Raízen (tiene la concesión de las estaciones de servicio de Shell) y Trafigura (Puma Energy), que importan alrededor de 15% de las ventas de gasoil y las comercializan a pérdida en el mercado local.
Entre las que más sufren el aumento de los precios internacionales está YPF. Si bien la petrolera con control estatal es la principal productora de petróleo del país, toda la producción se utiliza para cubrir el mercado interno, donde, por decisión política, los precios de los combustibles reflejan un barril criollo de alrededor US$60.
YPF también debe importar gasoil para abastecer el mercado interno, ya que las refinerías no pueden procesar toda la demanda que se necesita. Adaptar las refinerías para cubrir el consumo requeriría mayores inversiones, que llevan tiempo y que ninguna empresa está dispuesta hacer con precios locales muy por debajo del mercado.
La situación es más preocupante con el inicio de la cosecha gruesa del campo y el aumento de la demanda de gasoil. Según fuentes del sector, el país debe importar en estos meses entre cinco y seis barcos de gasoil por mes y por cada buque se pierden entre US$25 y US$30 millones