
La humorista habló del presente que atraviesa debido a la pandemia y de todo lo que tuvo que vender para amortiguar los gastos.
Instalada en Córdoba desde junio de 2020, Gladys Florimonte habló del duro momento económico que atraviesa debido a la pandemia de coronavirus y contó todo lo que debió vender para subsistir mientras el trabajo en la industria a la que pertenece escasea debido a las restricciones impuestas por el Gobierno.
A poco de empezar la pandemia, Florimonte decidió dejar su departamento en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires para atravesar la cuarentena inicial en su casa en un country en las afueras de Villa Carlos Paz. Allí pudo hacer teatro con un aforo muy reducido, pero las restricciones complicaron todo. Si bien su situación económica no es la de antes, la comediante y actriz, de 62 años de edad, aseguró en diálogo con Pronto que no se arrepiente de haberse ido a Córdoba.
«Amo estar en Córdoba, acá tengo mi casa y tuve también que quedarme a arreglarla un poco porque los inquilinos anteriores no fueron muy cuidadosos. Se fueron y me quedé a arreglar todo. ¿Qué iba a hacer encerrada en el departamento de Buenos Aires? Para cagarme de hambre allá, prefiero cagarme de hambre acá y por lo menos tengo aire puro y libre», admitió.
Consultada sobre cómo sobrelleva el tema económico frente al stand by laboral, Gladys dijo: «La puedo pilotear pero porque hace tres años que no me tomo vacaciones. Y te digo que necesitaba un descanso pero no me tomé ni un solo día. Desde que laburé con (Jorge) Lanata para acá, ahorré todo lo que trabajé para este momento», indicó Gladys. «¿Cuánto te gastás en ir afuera? Un montón», sostuvo.
«Yo no viajé a ningún lado y cuando fui a lo de Santiago del Moro, gané una buena guita y lo transformé en dólares porque mi idea era ir a ver a la Virgen de Guadalupe pero no pude viajar. Ahorré todo, laburé y dentro de todo pude pilotearla. Soy austera y tuve que vender un auto y una camioneta», reveló.
«Me tuve que achicar. Ahora ando en un autito de mierda pero no me importa eso porque cuando volvamos al ruedo y a la normalidad, con laburo sé que puedo volver a comprar una camioneta como la que tenía. No me calienta tener el mejor auto. Sale mucha guita el seguro del auto y la obra social; ya ahí tengo un gasto importante. Antes tenía seguros contra todo riesgo y ahora no tengo nada; tuve que bajar todo», se sinceró Gladys Florimonte.