
La derecha, que se presentó en una única lista conformada por los partidos del oficialismo, sería la gran perdedora de esta elección al conseguir menos de un tercio de los escaños, el porcentaje necesario para influir en el contenido de la nueva Carta Magna y vetar artículos.
A las 18:00 horas de Santiago, se terminó la jornada electoral que comenzó el sábado 15 de mayo. Con más del 50% de los votos escrutados, las listas de ciudadanos independientes y la oposición de centro-izquierdas se llevarían más de dos tercios de la Asamblea Constituyente, formada por 155 representantes que se encargarán de redactar la nueva constitución chilena.
Las listas independientes y las de centro izquierda obtendrían más de dos tercios de los escaños de la Asamblea Constituyente, la proporción necesaria para aprobar los puntos que se propongan para la nueva constitución. Los representantes tendrán hasta junio de 2022 para deliberar el texto, que posteriormente será votado por los ciudadanos chilenos. La derecha se quedaría con pocas perspectivas de influencia en la nueva carta magna, si tal y como indica el recuento, que ya contabiliza más del 50% de los votos, no logra un tercio de la representación.
Este domingo 16 de mayo se celebró la segunda jornada electoral en Chile, una votación histórica porque además de votar por los próximos alcaldes, concejales, gobernadores regionales; los chilenos estaban llamados a elegir a las 155 personas que se encargarán de redactar la nueva constitución del país.
Esta es la primera vez que Chile pone en manos de los ciudadanos la capacidad de elegir a los constituyentes, pues todas las cartas magnas que ha tenido el país austral han sido escritas por los políticos tradicionales. Además, esta elección fue una de las consecuencias de las protestas masivas que surgieron en octubre de 2019 y en las que se reclamó avanzar hacia un Estado que rompa la horma que dejó la Constitución escrita en tiempos de la dictadura de Augusto Pinochet.
Pero la votación no ha estado exenta de inconvenientes. En la segunda jornada electoral, hubo una demora excesiva en la mayoría de los puestos de votación. Aunque en teoría las urnas deberían haber abierto a las 8:00 (hora local), el Servicio Electoral de Chile (Servel) reconoció que solo después del mediodía ya estaban funcionando todas las 46.087 mesas.
Los observadores chilenos advirtieron que la tardanza se evidenció especialmente en las zonas más pobres de la capital, Santiago; y en el norte del país.
Una vez se superó la demora, los puestos de votación siguieron funcionando. Aunque su clausura estaba programada para las 18:00 (hora local), el Servel permite que las mesas donde ya no haya votantes puedan cerrar antes. Por eso, desde las 17:00, los medios locales anunciaron que las primeras clausuras se vieron en la región de Magallanes, en la Antártica chilena.
Los resultados de la elección nacional se comenzarán a conocer a partir de las 20:00 y una hora después ya habrá un mayor consolidado de quiénes serán los constituyentes.
En total, serán 155 los integrantes de la convención que se encargará de redactar la nueva Constitución, con igualdad en la cantidad de hombres y de mujeres y con 17 escaños reservados para representantes de los pueblos indígenas.
Así se evidenció la abstención en el primer día electoral en Chile
A pesar de los cambios que puede traer la votación, la abstención ha sido la protagonista. Al menos así ocurrió durante la primera jornada electoral, el pasado sábado 15 de mayo. Durante las diez horas en las que funcionaron las mesas de votación ese día, solo asistió cerca del 20% de las personas llamadas a votar, según el Servel. Es decir, que participaron en los comicios poco más de tres millones de los 14 millones de chilenos del padrón electoral.
Además, la participación más alta de ese día se vio en los tres suburbios de Santiago que votaron para rechazar un cambio a la constitución.
Lo que muestran las cifras es que hasta ahora la participación electoral está lejos de equiparar a la del plebiscito, cuando más de 7,5 millones de personas acudieron a las urnas en octubre del año pasado. Un 78% de ellas votaron a favor de redactar una nueva constitución.
Algunas de las razones de la desconfianza de los chilenos
La abstención tiene muchas explicaciones, pero la principal es la desconfianza que siente una parte de los chilenos frente a lo que pueda ocurrir. Y es que a pesar de que la Constituyente puede romper con la carta magna instaurada en tiempos de dictadura, muchos no creen que la elección traerá una renovación verdadera.
Una de las razones es la manera en la que se elegirán los 155 constituyentes. Estas personas se elegirán siguiendo el sistema de D’Hondt, según el cual primero se cuentan las listas más votadas y de estas se reparten los escaños a los candidatos más votados. Esto podría darle un puesto constituyente a alguien que sacó menos votos que otro de los candidatos, pero que está dentro de una de las listas ganadoras.
Además, el sistema podría beneficiar al oficialismo de derecha, que está agrupado en una única coalición. Mientras que los grupos de izquierda se fragmentaron en al menos cinco listas. Por eso, algunos consideran que los políticos tradicionales tendrán más representación en la constituyente que las caras nuevas, a pesar de que el 80% de los 1.300 aspirantes son candidatos que nunca se habían presentado a una elección, de acuerdo con un análisis de perfiles realizado por el Ciper.
“Supongo que la gente se desmotivó, sintió que nada iba a cambiar”, le dijo a la agencia Reuters Camila Rojas. Esta joven de 20 años votó por primera vez en la ciudad costera de Valparaíso en Chile y le hizo un llamado a su generación para ir a las urnas a pesar de la desconfianza. “El cambio comienza contigo, si no votas, nada va a cambiar”, enfatizó.
Otra de las razones que impulsa la abstención es la cantidad de opciones que tienen los chilenos. Claudia Heiss, investigadora del Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social de Chile, explicó que mientras el plebiscito del 2020 ofrecía una opción clara entre el apruebo y el rechazo, las elecciones de este fin de semana ofrecían una variedad en la cual muchos de los aspirantes tenían vínculos con políticos tradicionales. Eso podría haber generado una nueva desconfianza, particularmente entre los votantes jóvenes, según Heiss.
Por último, la elección de los constituyentes no garantiza que la carta magna vaya a cambiar. En primer lugar, no hay acuerdo generalizado en cuáles son las modificaciones que se deben haber. Mientras los grupos de activistas se movilizan en pro de la igualdad de género, la protección del medio ambiente, la defensa de los pueblos indígenas; los conservadores esperan mantener un sector privado dominante para tener un bloque legislativo a su favor.
Y es que cualquier cambio en la legislatura requerirá que dos tercios de los constituyentes estén a favor, por lo que los grupos que obtengan más de un tercio de los escaños podrán hacer una oposición de peso y bloquear cualquier cláusula del llamado Texto Fundamental.
“Los dos tercios generan una dinámica de grandes acuerdos y negociaciones, lo que hará que muchos temas o no van a poder ser abordados o no se van a abordar de la forma que esperarían muchos sectores”, dijo a EFE el académico de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile Octavio Avendaño.
Por último, el documento que sea redactado en los nueve meses que tendrán los elegidos no es el definitivo. Este deberá pasar por una votación pública a mediados de 2022 y, si los chilenos lo rechazan, la constitución actual seguirá en vigor.