
El lunes a la madrugada Gildo Insfrán partió rumbo a Buenos Aires en un vuelo privado imaginando que sería recibido por Alberto Fernández. Sabía de la dificultad de conseguir una foto institucional luego del cuarto día consecutivo de protestas en Formosa, pero pretendía ostentar que contaba con el respaldo del Presidente.
El gobernador siempre tuvo buena sintonía con Alberto Fernández. En Casa Rosada el nexo entre ambos lo articula el ministro del Interior, Eduardo “Wado” de Pedro. En la mayoría de los casos, Insfrán se retiraba de Balcarce 50 con sus reclamos satisfechos.
Por ello, si bien su llegada a la Capital Federal se enmarcó dentro de la firma de un acuerdo contra la violencia de género, que encabezó el Jefe de Estado con el resto de los mandatarios provinciales, el formoseño abordó el Learjet 60 de la empresa Baires Fly S.A, esperando ser recibido a solas por Alberto Fernández y luego, como era habitual, pasar por el despacho de Wado de Pedro para coordinar la resolución del conflicto.
La peor imagen de la crisis política/institucional en Formosa se vio el pasado viernes cuando el Gobierno provincial ordenó retroceder a la fase 1 de la cuarentena luego de la aparición de 17 casos de COVID-19. Cientos de personas salieron a las calles a manifestarse en contra de la decisión de Insfrán y la respuesta que tuvieron fueron palazos, balas de goma y gases lacrimógenos de parte de la fuerza de seguridad local.
Cuando comenzó a desatarse la represión, Wado de Pedro se comunicó con el gobernador. Palabras más, palabras menos, le refrescó el caso del atroz crimen de María Soledad Morales en Catamarca que motivó la caída de la dinastía Saadi, con la renuncia del gobernador Ramón Saadi, y la intervención de la provincia por orden del presidente Carlos Menem. También le mostró similitudes con la intervención de Santiago del Estero en 2004, que terminó con otra dinastía: la de los Juárez, dueños del poder provincial durante medio siglo. Bajo el argumento de “grave deterioro institucional”, Néstor Kirchner envió al Congreso el proyecto para intervenir la provincia que fue respaldado por todo el arco político de ese entonces. Pese a haber sido electos con casi el 70% de los votos, Carlos Juárez y Mercedes “Nina” Aragonés tuvieron que dejar la gobernación de Santiago del Estero. Luego serían acusados por crímenes de lesa humanidad cometidos durante la dictadura.
En ambos casos, el ministro del Interior le citó a Insfrán dos casos testigo de presidentes peronistas que determinaron el final de dos caudillos peronistas en medio de graves crisis políticas y sociales. Para ser la excepción, Wado le arrojó un salvavidas a quien gobierna Formosa desde hace más de 33 años. “Tenés que institucionalizar, nosotros te vamos a bancar pero tenés que hacer un cambio”, le habría dicho el funcionario kirchnerista según allegados de Casa Rosada.