Efecto cuarentena La megaemisión de pesos es la gran amenaza para el plan de reactivación del Gobierno

Cuotas, cedines, moratoria y obra pública integran el paquete de medidas para salir de una crisis muy profunda. Pero antes hay un desafío mayor: evitar que la expansión monetaria genere un descalabro en la economía

Los interminables meses de estricta cuarentena dejarán un panorama verdaderamente dantesco. La desocupación treparía del 10% a cerca del 15%, la pobreza superaría el 45% y el cierre de comercios se cuenta de a miles. Pero las matemáticas empezarán a jugar a favor: de una economía completamente inactiva sólo se puede salir para arriba. Eso significa que desde el mes próximo, cuando ya se alivien las principales medidas de aislamiento forzoso, los números de actividad van a empezar a jugar a favor.

Allí reside la gran esperanza que alberga Alberto Fernández y la confianza sobre la recuperación. Pero el partido hay que jugarlo con varios goles en contra de arranque. Según un estudio realizado por el Grupo SBS, la economía argentina será la cuarta del mundo que más caerá este año (más de 12% luego de la última extensión de la cuarentena) y en 2021 sería la segunda de peor recuperación (menos de 4%), basado en los números distribuídos por el FMI.

Martín Guzmán realizó durante la semana una lectura particular sobre el derrumbe: “En realidad no nos fue peor que otros países por haber extendido la cuarentena. La economía ya iba a caer antes de la pandemia por arrastre del año anterior, así que el punto de arranque nuestro ya era muy negativo. No nos fue peor que al resto del mundo”.

Asumiendo como válido que la economía cayó más o menos igual que en todos lados, la verdadera prueba entonces es lo que está por venir. ¿Cómo será la reactivación? ¿Qué sectores impulsarán el crecimiento después de semejante debacle? Ninguna de las preguntas que se formulen tendrán una respuesta adecuada si antes no se aborda el principal problema que presenta la economía argentina: la total ausencia de confianza, tanto de los consumidores como de los inversores.

El objetivo en el corto plazo será revivir el consumo, que es de donde puede venir el único impulso para sacar a la economía de la fuerte recesión que atraviesa. Pero la tarea no es sencilla: millones de argentinos que trabajan en la informalidad o por cuenta propia vieron sus ingresos menguados por la cuarentena. Algunos directamente dejaron de percibirlos y los reemplazaron lastimosamente con los $ 10.000 del Ingreso Familiar de Emergencias (IFE). Y millones de asalariados que consiguieron mantener sus salarios lo lograron por el aporte del Estado, que pagó hasta 50% de los mismos a través del programa ATP.

“Tenemos que lograr que la gente pierda el miedo a consumir, que es algo que se está notando en todos los países que están saliendo de la cuarentena”, explica Guzmán. Se juntan por lo tanto dos efectos desfavorables para la etapa de “normalización” de la economía que se avecina: hay menos plata en los bolsillos y los que conservaron sus ingresos tienen temor sobre el futuro. Además, la mayoría de los sectores no tendrá paritarias, con lo cual los salarios perderán contra la inflación.

Agosto es el mes indicado para poner en marcha las medidas de reactivación. El “trampolín” será la recuperación desde el quinto subsuelo. Se mezclan dos factores: estadísticamente la actividad comenzará a mostrar un repunte importante contra meses anteriores por la apertura más rápida de distintos sectores. Y además se cerraría el acuerdo de deuda lo que también debería mejorar el clima entre los inversores. El grado de adhesión, no obstante, será una cuestión relevante. El propio Alberto Fernández les manifestó a los empresarios del G-6 en el desayuno del 9 de julio su optimismo por salir del default e incluyó a BlackRock entre los que terminarán acordando.

El plan reactivante que está diseñando el Gobierno incluye recetas ya conocidas del kircherismo, pero tampoco hay mucho espacio para inventar. La clave en la Argentina siempre pasa por revivir el consumo interno. El problema que ahora los recursos son mucho más escasos que en el 2003, cuando había un elevado superávit fiscal

Éstas las patas del “plan” que prepara el Gobierno para alejarse lo más rápido posible de la crisis:

Moratoria impositiva: con fuertes quitas de intereses, punitorios y amplísimas cuotas para pagar, el alivio fiscal que recibirán miles de empresas e individuos es muy relevante, considerando además que se extiende hasta las deudas del 30 de junio. Es decir que el Estado pone su parte para intentar que menos empresas se fundan luego de varios meses con escasa o nula actividad. No se perdonan impuestos, pero se da amplio margen para que el sector privado se ponga al día.

Más cuotas para consumir: el sitio “eldestape” reveló que se está estudiando ampliar el actual Ahora 18 a más sectores de la economía pero además brindar 90 días de gracia para el pago de la primera cuota. En una economía inflacionaria es una gran invitación para consumir y, como decía Guzmán, tratar de dejar atrás el miedo a gastar que tienen muchos ante la caída de la actividad y la falta de un horizonte económico claro.

Vuelven los Cedines: el plan que discutió la Cámara Argentina de la Construcción con el Gobierno es ir a un nuevo blanqueo pero que el dinero se pueda utilizar para financiar obras desde el pozo o incluso compra de unidades nuevas. Es una reedición de los Cedines, aquellos certificados que se lanzaron durante el segundo gobierno de Cristina para minimizar la economía. Guillermo Moreno fue uno de sus impulsores. El impacto fue mediocre. Hubo poco blanqueo, aunque ayudó al menos para mover un sector que ya en 2012-2013 venía muy golpeado. La idea es canalizar estos recursos a través de fondos inmobiliarios que tendrán cotización bursátil.