
El régimen de Venezuela flexibilizará la cuarentena a partir del lunes, pese a que en las últimas dos semanas los casos se duplicaron. La dictadura asegura que la curva de contagios está aplanada al considerar que más de dos tercios del total de infectados se encuentran en las fronteras y se trata de venezolanos que retornaron al país provenientes de naciones limítrofes como Brasil y Colombia. Sin embargo, la oposición asegura que la decisión es una manera de disfrazar el incumplimiento.
“Vamos a aplicar el modelo venezolano: el 5+10: 5 días de flexibilización disciplinada y 10 días de cuarentena con sectores permitidos en su funcionamiento. 5 días que arrancan el lunes 1 de junio”, dijo el dictador.
El reporte de 43 casos de este viernes incluyó 18 «importados», entre ellos 15 venezolanos que vivían en Colombia y decidieron regresar a su patria en medio de un flujo de retorno que alcanza, según el balance oficialista, a 52.030 personas.
Al entrar a Venezuela todos estos ciudadanos son encerrados durante casi un mes, en espacios habilitados en la frontera, tiempo en el que son sometidos al menos a cinco pruebas de COVID-19 antes de que se les permita el regreso a sus hogares.
El ministro de Comunicación, Jorge Rodríguez, informó que se ha decretado la emergencia sanitaria en Zulia, limítrofe con Colombia, así como toques de queda en tres localidades fronterizas de esa región.
Además, el Gobierno aplicará miles de pruebas rápidas de coronavirus -pese a haber comprobado la escasa fiabilidad- en las zonas fronterizas de ese estado y en todos los poblados cercanos a Las Pulgas, un amasijo de puestos de venta que esta semana fue cerrado por tiempo indefinido para ser sometido a un proceso de reestructuración y desinfección.
El Gobierno presume, a la fecha, haber realizado casi un millón de test de detección de coronavirus en los últimos tres meses, aunque reportes de la Organización de Naciones Unidas aseguran que menos del 5 % de ese total son pruebas PCR.