10-08-18 |

Aborto: el tren fantasma de una sesión histórica

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La grieta, el nazismo, Ortega y Gasset, Julio Roca, el absurdo. Todo se mezcló en el debate por la despenalización.

Por Úrsula Ures Poreda. Se votó lo esperado: No al aborto legal. Tampoco se consideró la despenalización de la interrupción voluntaria del embarazo. Este jueves, las mujeres que habitan el suelo argentino tendrán los mismos derechos de siempre, el mismo ejercicio acotado de siempre. El verde de los pañuelos copó parte de la calle, pero los celestes coparon definitivamente el Senado.

El proyecto llegó a la Cámara Alta con media sanción de Diputados, una negociación entre despachos endeble y libertad de acción de parte del Ejecutivo que propició el debate. Un avance. Se enfrentó al conservadurismo de las iglesias católica y evangélicas, bastante más activo que en junio, y el rechazo de las provincias. ¿Un retroceso? No: una realidad subestimada.

La sesión comenzó minutos antes de las 10.30, con un operativo de seguridad que le impidió el paso a varios diputados y personalidades que quisieron llegar a los palcos. Desde el comienzo, el NO al aborto llevó ventaja. Por si hiciera falta ampliarla, el riojano Carlos Menem aseguró su presencia. El expresidente adelantó que votaría en contra. Hasta este miércoles, había estado ausente del 81% de las votaciones.

Entre el recuerdo de Juan B. Justo y Julio A. Roca, la persecución ideológica del fascismo y otros horrores del Siglo XX, varios senadores lamentaron que no se diera “el debate necesario”. Una verdad a medias: pocas exposiciones previas al dictamen propiciaron un intercambio real de ideas para convencer a los indecisos pero aun cuando hubiera existido, las audiencias tuvieron, en su mayoría, una pasmosa ausencia de senadores entre el auditorio. En otras palabras, los que votaron no participaron del debate previo. Algunos hablaron de abortos quirúrgicos; el proyecto propone abortos farmacológicos. Casi ninguno pudo decir con seguridad cuál es el plazo máximo de semanas dispuesto.

Lo que siguió fue la alternancia de los discursos que justificaban con tibieza el voto -la UCR deberá hacer una autocrítica de su negativa dentro de la coalición, amparada en un pedido de plebiscito- con exabruptos impropios de una cámara legislativa.

Rodolfo Urtubey (PJ, Salta) fue víctima de su propia confusión. “La violación está clara en su formulación, aunque habría que ver algunos casos, porque hay algunos casos en los que la violación no tiene un componente de violencia sobre la mujer”, dijo. Luego intentó corregir su postura en Twitter.

Más conciliador, Esteban Bullrich fusionó al General Perón con la Biblia. “Entre dos principios como ‘ama a tu prójimo como a tí mismo’ y ‘para un argentino no hay nada mejor que otro argentino’, no hay tanta distancia”, analizó.

“Las convenciones nos diferencian a los seres humanos del resto de los mamíferos placentarios. Nos llevaron, a pesar de compartir un 99% de nuestro ADN con los chimpancés, a no resolver las disputas como los chimpancés”, comparó.

“Sabemos que hay mujeres que toman la trágica decisión de abortar. Pero sin maternidad no tenemos futuro. El aborto es un fracaso social. La maternidad no debería ser un problema”, lamentó el senador. Semanas atrás, en las audiencias, remarcaba la necesidad de contar con mayor educación sexual en las escuelas, pese a que la Ley de Educación Sexual Integral (sancionada en 2006) sigue sin implementarse en todo el país. Bullrich fue ministro de Educación entre 2015 y 2017.
La sanjuanina Cristina López Valverde (PJ) se mostró insegura ante la posibilidad de votar el proyecto sobre tablas porque no tuvo tiempo de analizarlo en profundidad. En las redes sociales, pidieron su renuncia por no leer la iniciativa a la que se opuso. Intentó aclararlo con un comunicado de prensa. Pasó inadvertida su apreciación de José Ortega y Gasset y Hannah Arendt.

Horas más tarde, la senadora Silvina García Larraburu (FpV) justificó el volantazo de sus últimos días. Era una acérrima defensora del aborto legal. Cambió. “El ‘duranbarbismo’, con el cinismo que lo caracteriza y ese modo bastardo de abordar la política, ha generado una fenomenal cortina de humo, en un momento que no era el adecuado”, opinó en su alocución.

Hacia la noche, el formoseño José Mayans (PJ) se despachó contra el “aborto seguro, legal, gratuito, obligatorio y dale que va”. “¡No puede ser!”, bramó. Antes que legislar sobre salud reproductiva, el senador pidió políticas para acabar con la pobreza. Ocupa una banca desde 2001. Su mandato vence en 2023.

Tuvo tiempo hasta para recordar a Los Beatles, con “una canción de los ’60 que decía ‘Déjalo ser’ (Let it be)”. Algunos de los que todavía estaban en el recinto miraban asombrados. No fue el caso de la vicepresidenta: las cámaras de TV la mostraron con una cara de fastidio difícil de esconder.

No fue su gesto más feliz. Tampoco el más llamativo: horas antes, se despachó contra Luis Naidenoff, con un “pelotudo, no rompa las pelotas” que se escuchó en todo el hemiciclo. Alternativamente, discutió con algunos senadores al azar porque se excedían, como todos, en el tiempo de exposición. Minutos antes de la definición, tuvo que explicar cómo se votaba: verde para el Sí, rojo para el No.

Closs aportó “el pensamiento de la provincia de Misiones”. “No estoy de acuerdo con la gratuidad pero quiero un Estado presente”, expresó. El misionero aseguró que el colapso de la salud pública se vería agravado por la llegada de pacientes que piden turnos para practicar sus abortos. “No puede ser”, recalcó, a la vez que pidió mayores políticas públicas. Fue gobernador de Misiones entre 2007 y 2015, y diputado entre 2015 y 2017.

Recién en 2019 el Congreso podrá volver a tratar un proyecto que legalice o despenalice la interrupción voluntaria del embarazo. Si el proyecto es tratado en el Senado, se encontrará con la misma composición que hoy lo rechaza (la gran mayoría de los senadores renueva sus mandatos entre 2019 y 2023). Para el año que viene, aproximadamente, unas 350 mil nuevas muertes provocadas por abortos clandestinos agravarán las estadísticas. No fue ley. Y, más allá de la voluntad de la calle, está lejos de poder serlo.

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