07-09-17 |

La cadena del cerdo analiza cómo enfrentar las importaciones desde EE.UU.

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Los productores medianos y pequeños son los más vulnerables, advierten desde el INTA. Recomiendan asociarse para sumar escala y ajustar cada tuerca para lograr mayor eficiencia.

 

El manejo profesional y la tecnología, por ejemplo las lámparas para regular la temperatura, mejoran el bienestar animal y la conversión de kilos de alimento en carne de cerdo.

La cadena porcina enfrenta un desafío complejo: la apertura del ingreso de carne de cerdo desde Estados Unidos, una situación que trajo muy malos recuerdos a un sector que venía creciendo a muy buen ritmo durante los últimos años.

“Las importaciones en este rubro siempre son preocupantes y es un tema que hay que debatir con todos los sectores y buscarle la vuelta”, planteó Jorge Brunori, especialista en producción porcina del INTA, en Fericerdo, la principal exposición del sector que se realizó hace unos días en el INTA Marcos Juárez.

El experto aclaró que estas importaciones no están en el mismo contexto que la década del 90′, cuando en el mercado argentino los cortes importados llegaron a representar el 50% del total. En la actualidad, los mayores riesgos son para los productores menos competitivos.

“El estrato que siempre se ve más perjudicado cuando se toman medidas de este tipo es el de la pequeña y mediana escala, porque su eficiencia no es la adecuada y cuando entra carne importada, que en alguna medida reemplaza a la carne nacional, el productor pequeño y mediano es el más vulnerable”, reconoció Brunori.

En este escenario, el especialista aseguró que es esencial brindarle herramientas a estos productores para que mejoren su eficiencia e incluso se integren a modelos asociativos para “amortiguar el golpe” que puede significar el ingreso de un mayor volumen de carne importada.

De acuerdo con Brunori, “eficiencia, gestión y escala” son las herramientas que van a permitir sostener la actividad y promover el equilibrio entre grandes empresas y pequeños y medianos productores asociados. “Esto, para mí, es mucho más importante que cualquier medida política y es lo que nosotros tenemos que hacer”, insistió.

Mariano Lattanzi, también especialista del INTA Marcos Juárez, explicó que ser más eficientes significa producir más capones por madre por año y, por lo tanto, más kilogramos de carne por madre por año. “También es central mejorar la relación entre la cantidad de alimento consumida en el criadero y el total de carne producida”, advirtió.

Para Lattanzi, más allá del sistema tecnológico que se utilice para hacer un uso eficiente de los factores productivos, lo más importante es que los productores hagan un cambio cultural. “Se trata de que comiencen a dirigir los establecimientos porcinos con una mirada empresarial, que requiere el análisis continúo de datos que ayuden a orientar el negocio, así como la gestión estratégica de los recursos humanos”, indicó.

Entre las posibles estrategias de intensificación, la Unidad Demostrativa Agrícola Porcina (UDAP) del INTA Marcos Juárez propone un modelo tecnológico de confinamiento adaptado a pequeños y medianos establecimientos que puede instalarse con baja inversión inicial.

Los especialistas del INTA estiman que la alimentación representa cerca del 70 % del costo de producción y, por esta razón, cualquier mejora tiene un gran impacto en la rentabilidad.

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